A una hora de Guadalajara y a escasos 14 kilómetros de Sigüenza, en el municipio de Imón, nos encontramos con uno de los conjuntos salineros más importantes y mejor conservados de Castilla-La Mancha. Las salinas de Imón constituyen un extraordinario ejemplo de patrimonio industrial, donde arquitectura, paisaje y actividad económica tradicional se funden en un espacio de gran valor histórico y etnográfico.
Historia
El origen de las salinas de Imón se remonta al siglo X, cuando la sal era un recurso estratégico de primer orden, fundamental para la conservación de alimentos y como fuente de riqueza y poder. A partir del siglo XII, las salinas quedaron bajo control real, destinándose sus rentas al pago de nobles y al obispado de Sigüenza, lo que da idea de su enorme importancia económica.
Las instalaciones actuales datan del siglo XVIII y constan de una serie de almacenes situados en la zona central y una serie de conjuntos de piscinas, estanques-calentadores y norias que comunican con una serie de canales que funcionan como desagües para el agua sobrante.
El conjunto vivió distintas fases de explotación a lo largo de los siglos, alcanzando su configuración actual tras la gran reforma impulsada en época de Carlos III, en torno a 1720.
Vivieron su etapa de mayor esplendor tras las mejoras impulsadas en el siglo XVIII, llegando a producir el 7% de toda la sal de España en colaboración con las vecinas salinas de La Olmeda.
Durante los siglos XIX y comienzos del XX se introdujeron mejoras técnicas y cierta mecanización, lo que permitió mantener la actividad hasta fechas muy recientes. Las salinas permanecieron activas hasta 1996, y aún hoy se conservan restos de la última cosecha de sal en algunos de sus almacenes.
Las instalaciones actuales constituyen un gran complejo industrial tradicional, organizado mediante el sistema clásico de “partidos”, cada uno con sus límites, infraestructuras y denominación propia.
Producción de la sal
El conjunto salinero impresiona tanto por su extensión como por su grado de conservación. En él se pueden identificar con claridad todos los elementos necesarios para la producción tradicional de sal:
Destacan los grandes almacenes centrales, de los que se conservan en pie principalmente los denominados San Antonio y San José, edificios de planta rectangular y gran volumen, donde se almacenaba la sal ya cosechada. En su interior aún pueden verse restos de la última producción.
A lo largo de la instalación se distribuyen varias norias, cinco en total, de las cuales cuatro se conservan en estado aceptable. Estas norias extraían la salmuera de los pozos situados junto al río Salado. Arquitectónicamente son uno de los elementos más singulares del conjunto: estructuras de madera protegidas por edificios de planta octogonal, con muros de mampostería y cubiertas de ocho vertientes, diseñadas para permitir el giro de las caballerías que accionaban el mecanismo.
Completan el paisaje los recocederos, los estanques-calentadores y cerca de un millar de albercas, muchas de ellas aún con sus empedrados y maderos originales. A esto se suman oficinas, pequeños almacenes y edificaciones auxiliares que permiten comprender de forma muy completa el funcionamiento de la explotación salinera.

Vista aérea Salinas Imón Foto: Turismo Castilla-La Mancha
Candidatura Patrimonio de la UNESCO
Las salinas de Imón son parte de la candidatura de Paisaje Dulce y Salado de Sigüenza y Atienza a Patrimonio Mundial de la UNESCO. Precisamente las salinas se encuentran en medio de los municipios mostrando el paisaje salado de la zona.
En 2022 Sigüenza entró en la lista de candidatos a Patrimonio Mundial de la Unesco, con el nombre “Paisaje Dulce y Salado de Sigüenza y Atienza”. El área comprende una superficie de 219 km2 y se extiende desde el Parque Natural del Barranco del río Dulce al sur hasta la villa de Atienza al norte, dentro de la paramera de Sigüenza, una de las representaciones naturales más significativas e íntegras de este tipo paisajístico en la península ibérica. Según consta en la candidatura: “La interacción entre el ser humano y este excepcional espacio natural, ha conformado un ecosistema propio, definido desde la Edad Media, que se ha mantenido hasta la actualidad sin apenas modificaciones, lo que hace que tenga un valor universal excepcional, tal y como establece la UNESCO”,
El paisaje Dulce y Salado de Sigüenza y Atienza engloba una ciudad (Sigüenza), una villa (Atienza) y 15 aldeas, en un modelo de organización territorial de base medieval y tiene una característica muy especial, la coexistencia de agua dulce y salada en un mismo espacio natural.
El río Salado es el origen de las salineras de Gormellón, la Olmeda e Imón, una de las zonas de explotación de sal más importantes de la península y cuyo origen se remonta a la época romana.
En cuanto al río Dulce, discurre encajado entre calizas y areniscas de origen jurásico en un espectacular paisaje de gargantas y hoces y pequeñas campiñas, con tierras agrícolas, vegas y huertas. Incluye dos importantes núcleos de población: Pelegrina con su imponente castillo y La Cabrera que permitía el paso de la Cañada Real soriana.
Recuperar las salinas
La Diputación de Guadalajara aprobó en pleno en 2025, una Estrategia Territorial Integrada para el desarrollo del “Paisaje Dulce y Salado de Sigüenza y Atienza”, con la que se trata de contribuir a lograr para este territorio la declaración de Patrimonio Mundial por la UNESCO, en la categoría de Paisaje Cultural.
En este mismo pleno de la Corporación Provincial se aprobó también dotar el presupuesto de la Diputación para el año 2025 con 1.400.000 € que van a destinarse a la rehabilitación de las Salinas de Imón, tras haber logrado el Ayuntamiento de Sigüenza la cesión de uso de estas instalaciones por parte de sus propietarios privados.
Esperemos que en un futuro no muy lejano puedan volver a usarse las Salinas de Imón para recuperar el paisaje y utilizar un producto tan necesario en la gastronomía de la zona como es la sal de Imón.
