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lunes, 5 de diciembre de 2022
El expresidente critica al líder del PP, sin citarle, en un mitin en Valladolid - 31 enero 2022 - Madrid
Agustín Yanel Agustín Yanel

El día que José María Aznar aceptó participar en la campaña de las elecciones autonómicas en Castilla y León para el próximo 13 de febrero, en el Partido Popular hubo quienes se alegraron; pero también hubo quienes mostraron sus reticencias porque Aznar es imprevisible. Después de escucharle en un mitin en Valladolid, el sábado 29 de enero, ya se han arrepentido de haberle invitado. El expresidente del Gobierno ha entrado en esta campaña como un elefante en una cacharrería y ha criticado a Pablo Casado, sin citarle directamente.

El PP ha movilizado a todos sus dirigentes nacionales y regionales con el objetivo de frenar el avance de la ultraderecha y ayudar al presidente de esa comunidad, Alfonso Fernández Mañueco, a que consiga los votos suficientes para poder gobernar sin necesidad de recurrir al apoyo de Vox. La dirección de los populares consideró que Aznar, aunque no tiene inconveniente en criticar a los máximos dirigentes de su partido cuando le parece -lo hizo con Mariano Rajoy cuando era presidente del Gobierno y lo ha hecho con Pablo Casado-, podía contribuir a esa tarea participando en algunos actos electorales en la comunidad donde él ganó a los socialistas en 1987 y la presidió hasta 1989.


Pero sus palabras en el mitin de Valladolid no han gustado nada a la dirección del PP. «Hay muchas personas que se agarran a supuestas soluciones baratas, mágicas, a populismos mentirosos o falsos, porque no tienen un referente fuerte en el cual confiar», dijo Aznar, entre aplausos de los asistentes al mitin. Blanco y en botella: eso es como decir que muchas personas de la derecha votan a Vox porque Pablo Casado no es para ellas un líder en el que confiar.

Casado dice, en respuesta a Aznar, que sí tiene un proyecto para España

Y, en otra clara referencia a Casado, afirmó: «Muchas veces oigo decir: hay que ganar para que no sé quién llegue al palacio de no sé cuántos… Oiga, la pregunta es: ¿y para hacer qué?». Eso es como preguntar cuál es el proyecto del PP, o decir que ese partido no tiene un proyecto para España. Pablo Casado respondió al día siguiente a ese reproche de Aznar, sin citarle, cuando dijo en Ávila que él sí tiene un proyecto y que lo explicó en la convención nacional que el partido celebró en octubre en Valencia.

La excusa de Alfonso Fernández Mañueco para romper con Ciudadanos -partido con el que gobernaba- y convocar elecciones anticipadas fue que el partido naranja preparaba con el PSOE una moción de censura contra él. No ha aportado ninguna prueba de esa sospecha, y parece que las convocó porque la dirección nacional del PP convenció para que las adelantara cuando en las encuestas rozaban la mayoría absoluta. Su  hipotética victoria en esa comunidad autónoma, unida a la de Isabel Díaz Ayuso en Madrid y a la espera de otro probable adelanto electoral en Andalucía, serviría de trampolín a Pablo Casado -el «no sé quién» que dijo Aznar- para llegar a la Moncloa -el «palacio de no sé cuántos»-.

Pero las alarmas han empezado a sonar en la sede nacional del PP, porque en las últimas semanas están viendo que el PP ha perdido apoyos mientras los ha ganado Vox, que podría pasar del único escaño que obtuvo en 2019 a conseguir nueve o diez el próximo día 13, según muchas encuestas.

Las elecciones en Castilla y León son autonómicas, pero en el PP las ven como si fueran unas generales porque no solo se juegan la presidencia de Castilla y León sino que tendrán repercusiones en el futuro político de Pablo Casado. Por eso, el PP ha explotado al máximo la campaña contra el ministro Alberto Garzón sustentada en una manipulación de sus declaraciones al diario The Guardian; Casado y otros dirigentes han visitado granjas de ganadería extensiva -la que ha apoyado Garzón- para defender la ganadería industrial; en sus intervenciones diarias hablan mucho más contra Pedro Sánchez y el Gobierno de coalición y que sobre los problemas de la ciudadanía de esa región y sus propuestas para resolverlos…

Campañas electorales que carga el diablo

Las campañas electorales, como las armas, las carga el diablo, y no todo vale para ganar votos porque los electores no son tontos. En el PP deberían mirar lo que ha ocurrido en las elecciones legislativas celebradas el 30 de enero en Portugal, aunque no es la misma situación, y tener en cuenta el refrán de «cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar».

Las  encuestas vaticinaban en Portugal un empate entre el Partido Socialista y el Partido Social Demócrata (PSD), el equiparable al PP español. Pero ha ganado por mayoría absoluta el socialista Antònio Costa, que seguirá de primer ministro, mientras el PSD ha perdido ocho escaños que han beneficiado a dos partidos de la derecha: Iniciativa Liberal (pasa de uno a ocho) y el ultraderechista Chega que se convierte en la tercera fuerza política al subir del único escaño que tenía a 12. Los partidos de la izquierda también han sufrido un notable descenso.

Una incógnita: si el PP utiliza esta campaña electoral más para beneficiar a Pablo Casado en su camino hacia la Moncloa que para ofrecer respuestas a la ciudadanía de Castilla y León, ¿podría beneficiar a Vox en vez de frenar su avance, como ha ocurrido en Portugal?

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