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domingo, 25 de enero de 2026
Opinión - 25/01/2026 17:45 - Toledo
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Leo estos días con indignación y estupor lo que viene sucediendo en el colegio público Gregorio Marañón de la capital regional. Según parece, la conducta de un alumno de tercero de Primaria es tan, digamos nociva, que causa problemas al resto de sus compañeros de curso, del colegio, del profesorado, es decir, a toda la comunidad educativa del centro. No resulta fácil creerlo. No pongo en duda que suceda, pero, por favor, que un alumno de ocho años ponga patas arriba una clase, el sistema educativo, la situación de un colegio de varios cientos de alumnos… me supera.

Padres de un colegio de Toledo denuncian graves agresiones de un alumno a compañeros y piden medidas a Educación


En mis 40 años de docente no he tenido un alumno en esas condiciones; en mis cuatro décadas de trabajo, creo que nunca oí un comportamiento tan insólito. No pongo en duda que el equipo directivo, el claustro, se haya reunido para ver qué medidas toma; que el claustro y padres de profesores también lo haya hecho, que la asociación de padres también, que la delegación provincial de Educación también, así como el Servicio de Orientación y el de Inspección. Pero llamar a la huelga a los niños y padres y no asistir a clase uno, dos o tres días… Entiendo que algo falla y no soluciona nada.

Es evidente que no hablo de tirar al niño por el rodadero como desgraciadamente hacían los espartanos antiguamente cuando veían que había algún problema, defecto o enfermedad. Vivimos en otra época, en otra cultura afortunadamente. El problema de un alumno de esas características hay que atajarlo desde la edad infantil. Cuanto más tiempo pase sin resolverlo peor. No estamos ante el caso de un gamberro, sino de un niño travieso que más o menos a su edad da más guerra de lo normal y tiene acogotado a todo el centro, a sus compañeros y entorno.

Las familias del colegio de Toledo mantienen la huelga por las «graves agresiones» ante la falta de medidas

Los padres se suponen que han debido atajar ese conflicto desde los primeros años de edad escolar del niño y antes. En colaboración con el centro, los padres y el profesorado, con el tutor, etc, han debido reconducir el problema. Y la última palabra la debe tener la autoridad educativa. El servicio de Inspección debería aportar soluciones en una acción conjunta con el centro y los padres bien informados y colaborando desde el principio. Ahí debe haber un apoyo total y la aplicación del correspondiente protocolo. Y si el niño está enfermo y es otro el problema, habrá que tratarlo como tal y tomar las medidas adecuadas para que un crio de esa edad no perturbe todo un colectivo de varios cientos de personas y sea un problema social. ¡Y desde luego, en ese tipo de situaciones, no sirven los paños calientes! Hay que actuar dese la base. La solución no es ir a una huelga de inasistencia de los alumnos. Otros casos podrían producirse y apaga y vámonos.

Me atrevo a decir que la docencia en esta etapa de la vida es un reflejo de lo mal que esta la sociedad y las influencias negativas de muchos agentes externos que los padres, desgraciadamente no ven, o no se atreven a verlo y desvían sus miradas hacia otros territorios más cómodos. Desde luego, la autoridad educativa no puede mirar para otro lado y no apoyar a los maestros.

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