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domingo, 4 de diciembre de 2022
"Las feministas son unas malcriadas que quieren volver a casa solas y borrachas" - 24 mayo 2022 - Madrid
Agustín Yanel Agustín Yanel

En el Partido Popular parece que se han apuntado a la técnica del policía bueno, policía malo. Es algo muy visto en películas y series de televisión: cuando dos policías interrogan a una persona detenida, uno se muestra muy agresivo y la amenaza e incluso golpea mientras el otro pregunta de manera amistosa y cordial para ganarse su confianza. El nuevo líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, se comporta como el policía bueno mientras la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ejerce el papel de policía malo.

En los casi dos meses que han transcurrido desde que Feijóo fue elegido para suceder a Pablo Casado -desaparecido de la vida política tras su inaudito combate público con Isabel Díaz Ayuso- ha querido mostrar la imagen de político de centroderecha sereno y con sentido de Estado que tenía al frente del Gobierno autonómico de Galicia. Él ha conseguido allí lo que sólo logró Manuel Fraga: ganar por mayoría absoluta cuatro elecciones consecutivas, lo que le ha permitido gobernar desde 2009 hasta hace unas semanas.


No es oro todo lo que reluce

Pero no hay que olvidar que, como dice el refrán, no es oro todo lo que reluce; en la vida política, tampoco. Feijóo y su equipo más cercano han tenido controlados a los medios de comunicación gallegos, salvo contadas y minoritarias excepciones, incluida la empresa pública Corporación Radio y Televisión de Galicia (RTVG). No se puede deducir que este ha sido el único motivo por el que ha cosechado siempre tantos votos, pero seguro que el hecho de que él y su Gobierno no hayan podido ser controlados por los medios de comunicación -ésta es una de las obligaciones del periodismo- sí ha influido en sus buenas cosechas electorales.

Ahora habrá que ver qué hace Feijóo en Madrid al frente del PP nacional. Tendrá que demostrar que de verdad es un político moderado de centroderecha, pero ya ha dicho algunas cosas y ha tenido algún comportamiento que llevan a mantener algunas dudas: permitir que su partido pacte con la ultraderecha de Vox en Castilla y León, para mantenerse en el Gobierno de esa comunidad, no es un buen comienzo. Habrá que ver qué hace el PP en Andalucía, según sean los resultados en las próximas elecciones autonómicas.

Junto a un Feijóo con la imagen de centroderecha civilizada y hombre de Estado, en el PP se ha situado por méritos propios, tras una guerra fratricida con Pablo Casado, una política muy faltona, irrespetuosa y maleducada con los partidos de la oposición: la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.

Insultos, ofensas y faltas de educación de Díaz Ayuso

Empeñada en confrontar siempre no con sus adversarios políticos en la Comunidad de Madrid sino con el presidente del Gobierno de España, Díaz Ayuso es una de las políticas que más palabras ofensivas dice en sus intervenciones, que más polémicas provoca y, lo que es peor, que más falta de educación demuestra cada jueves cuando comparece en la Asamblea de Madrid. Es, sin duda, la que representa el papel de polícía mala.

Díaz Ayuso arremete cada semana contra Mónica García, líder de la oposición por Más Madrid porque ganó en votos al PSOE, cuando responde a las preguntas que esta le formula en la sesión de control al Gobierno regional. Pero no sólo se mete con ella: ha descalificado e insultado a médicos y otro personal sanitario, a quienes hacen cola en las organizaciones no gubernamentales para recibir comida. a sindicatos, a feministas, a organizaciones LGTBI… En una de sus últimas perlas ha dicho que las mujeres feministas son «unas malcriadas que aspiran a llegar a casa solas y borrachas». ¿Y si las hay que quieren hacer eso, qué pasa?

Alberto Núñez Feijóo no se va a encontrar en Madrid con todos los medios de comunicación en contra, ni mucho menos, pero sabe que no va a tener una situación tan cómoda como en su tierra. Tendrá que demostrar con hechos que el PP de esta nueva etapa no se parece al que lideró con tan poco tino Pablo Casado, secundado por Teodoro García Egea. De momento, al nuevo presidente del PP hay que darle los 100 días de confianza que debe recibir quien llega a un cargo, pese a que su partido hace tiempo que ha olvidado esta constumbre no escrita.

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