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26/11/2015junio 7th, 2017
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En contra de lo que es una práctica habitual en la Unión Europea, en Estados Unidos y en las democracias avanzadas, Mariano Rajoy no quiere participar en debates con los candidatos de otros partidos durante la
campaña electoral, porque dice que tiene mucho trabajo como presidente del Gobierno. Únicamente va a mantener un cara a cara con el líder del PSOE, Pedro Sánchez.

La ciudadanía tiene derecho a escuchar las propuestas de los distintos candidatos a la Presidencia del Gobierno, no solo las del actual presidente y las del principal líder de la oposición, para comparar unas con otras. Pero Rajoy no está por la labor y solo ha aceptado enfrentarse al secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez, en un enfrentamiento preelectoral organizado por la Academia de la Televisión.


En Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y otros países los debates electorales con la participación de todos los candidatos son algo habitual. En algunos incluso están regulados por la ley. En España no: aquí, que se celebren o no depende de la voluntad de cada político y de la capacidad de las cadenas de televisión para convencerlos de que participen. Y, por lo que se ve, a Rajoy no le parece necesario enfrentar sus propuestas a las de otros aspirantes a sucederle en La Moncloa.

DICE QUE TIENE MUCHO TRABAJO

El diario El País ha organizado un debate entre Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Ciudadanos) y Pablo Iglesias (Podemos), que se celebrará el 30 de noviembre a partir de las nueve de la noche. Llevan un mes intentando que también acuda Mariano Rajoy, pero él ha dicho que no puede y ha justificado su ausencia así: «Uno tiene que hacer muchas cosas. Yo tengo un problema, que tengo que seguir trabajando como presidente del Gobierno y otros no tienen ese problema». Esa explicación es cuando menos sorprendente, porque tanto trabajo como tiene no le va a impedir que ese mismo día y a la misma hora conceda una entrevista a la televisión privada Telecinco.

Tanto trabajo como dice tener tampoco le ha impedido conceder en los últimos días entrevistas a programas deportivos de la cadena Ser y la Cope. Y también va a sacar tiempo para acudir próximamente a los programas que presentan Bertín Osborne en TVE1 y María Teresa Campos en Telecinco. ¿Queda claro que lo del exceso de trabajo, aunque sea verdad que lo tiene, es una excusa?

UN DESPRECIO A LA CIUDADANÍA

La negativa de Rajoy a debatir con otros candidatos distintos a Pedro Sánchez no es un desprecio a un medio de comunicación concreto o a unos adversarios políticos, sino a la ciudadanía y a la democracia. Todavía está a tiempo de rectificar, pero es difícil que lo haga porque tanto en La Moncloa como en el PP creen que ésta es la mejor estrategia para su líder. Se equivocan.

Hablando de debates electorales, un problema se repite en todas las elecciones sin que nadie ponga solución: los debates que organizan las televisiones privadas solo con tres o cuatro candidatos, sin la
participación de todos los grupos que han tenido representación en el Congreso en la última legislatura, no cumplen las normas que ha dictado la Junta Electoral Central, el órgano encargado de velar por la transparencia y la objetividad de todo el proceso electoral.

Esa Junta ha indicado que las televisiones privadas que organicen debates electorales deben tener en cuenta los resultados que obtuvo cada partido en las anteriores elecciones de la misma categoría (europeas, generales, autonómicas o municipales). También deben contar con los partidos políticos que no tenían antes representación en las Cortes pero están muy implantados en la sociedad, como Ciudadanos y Podemos, pero no pueden dedicar a estas formaciones una cobertura informativa mayor que la que otorgan a las que sí lograron escaños.

IU Y UPyD, EXCLUIDOS

¿Cómo se explica, entonces, que algunas televisiones privadas organicen debates entre PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos, como el que tendrá lugar el 7 de diciembre en Antena3 y La Sexta, excluyendo a Izquierda Unida (IU) y a Unión, Progreso y Democracia (UPyD)?. IU ha anunciado que va a recurrir a la
Junta Electoral Central contra esta discriminación -como se ha visto obligada a hacer prácticamente en todas las convocatorias electorales-, porque en la última legislatura ha sido la tercera fuerza política de
España por votos y el cuarto grupo del Congreso con 11 diputados.

Pero lo más sorprendente es que Pablo Iglesias, el líder de un partido que ha prometido cambiar la manera de hacer política para cambiar la sociedad, no solo acepta participar en esos debates a cuatro sino que él mismo los ha pedido en reiteradas ocasiones, olvidando a IU y otros grupos parlamentarios como si no existieran. Es una muestra más de su interés por intentar que desaparezca la federación de izquierdas que lideran Cayo Lara y Alberto Garzón.

En Podemos, donde hay tantos profesores de Universidad y expertos en comunicación política, ¿nadie le ha dicho a su líder que las instrucciones que dicta la Junta Electoral Central hay que cumplirlas? Parece que todas las estrategias sirven a la hora de buscar votos, como han hecho siempre los partidos políticos tradicionales, esos que él llamaba «la casta».

Con lo fácil que es hacer algunas cosas bien, ¿por qué hay quien se empeña en hacerlas mal y en saltarse las normas en vez de cumplirlas?

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