Teodoro García Egea (PP) se ríe de los periodistas y desprecia el derecho a la información de la ciudadanía

El calor perjudica seriamente a los políticos

La última patochada que ha soltado Isabel Díaz Ayuso ha sido el anuncio de que quiere poner en marcha, en plan experimental, una cartilla Covid similar a la cartilla internacional de vacunaciones, auque la OMS lo decartó hace tres meses

Los psicólogos deberían estudiar si las excesivas temperaturas de este final de julio están afectando a la mente de algunos políticos y les impiden pensar. Porque solo si es por un efecto nocivo del calor se pueden explicar -con mucha benevolencia- las tonterías, disparates y sinsentidos que dicen algunos gobernantes y dirigentes de partidos. Y, una vez más, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, vuelve a esta columna porque ocupa el primer lugar en esa lamentable clasificación; pero no es la única ni son solo del PP quienes actúan de esa manera.

En el año 1995, el director de cine Manuel Gómez Pereira digirió la película El amor perjudica seriamente la salud, con Ana Belén, Juanjo Puigcorbé, Gabino Diego, Penélope Cruz, Lola Herrera y Santi Millán, entre otros nombres. Hoy podría rodar otra titulada El calor perjudica seriamente a los políticos, con la diferencia de que la primera es una comedia y ésta, a juzgar por lo que dicen y hacen algunos representantes de la vida públlica, sería un drama.

La última patochada que ha soltado por su boca Isabel Díaz Ayuso ha sido el anuncio de que quiere poner en marcha, en plan experimental, una cartilla Covid similar a la cartilla internacional de vacunaciones. Le ha caído encima un aluvión de críticas de los investigadores y científicos y ha sido, otra vez, el  blanco favorito para comentarios jocosos y chistes en las redes sociales, pero parece que a ella le da igual. Sus asesores deberían decirle que los experimentos los puede hacer con gaseosa, porque esos no producen daños, pero no con la salud de las personas. ¡Qué castigo para la ciudadanía madrileña!

Hace ya tres meses, el pasado 25 de abril, la Organización Mundial de la Salud (OMS) descartó una cartilla covid-19, pero la presidenta madrileña no lo ha tenido en cuenta y da la sensación en demasiadas ocasiones de que no piensa lo que hace y lanza propuestas tan disparatadas como esta sin inmutarse. Y eso que, cuando lo dijo ante los periodistas, llevaba escrito su mensaje.

Ciudadanos de primera clase, con cartilla, y de segunda sin ella

Su propuesta fue muy clara: una cartilla en la que conste que una persona ha pasado la enfermedad, ha generado anticuerpos y se ha hecho las pruebas PCR que demuestran que no está infectada de coronavirus. Esa persona, con su cartilla, puede «volver a una cierta normalidad», según Díaz Ayuso, y podría entrar a espacios cerrados (cines, gimnasios…) sin tener que guardar las medidas de seguridad que deben mantener el resto de los ciudadanos.

La presidenta madrileña -o quienes le hayan asesorado en este asunto- olvidó que la OMS y los expertos no aprueban esta cartilla por muchas razones: no se sabe cuánto tiempo permanecen los anticuerpos en una persona; habría gente joven que quiera contagiarse porque se siente fuerte y al tener la cartilla podría trabajar; existirían unos ciudadanos de primera clase y otros de segunda, con menos derechos que los anteriores… Y también olvidó que, muy posiblemente, su propuesta es ilegal porque los datos referidos a la salud de una persona están protegidos y no pueden ser exigidos para poder acceder a un determinado local.

Propone aplicar su propuesta en España y en otros países

Pero Díaz Ayuso no sólo se mostró satisfecha de su propuesta, sino que se atrevió a decir que este modelo se debería aplicar en España y exportar a otros países, porque así se evitaría tener que confinar a la población. ¡Qué atrevida es la ignorancia!

Tanta polémica ha levantado esa propuesta que, al día siguiente, el vicepresidente y portavoz del Gobierno regional, Ignacio Aguado (Ciudadanos), ha tenido que salir a intentar rebajar el alcance de la discutida cartilla. Ha dicho que no se trata de un «pasaporte de inmunidad» ni de dar beneficios a quien tenga ese documento, sino de saber qué personas se han sometido a los test PCR, en qué fecha y con qué resultado, para que los servicios de salud dispongan de esa información.

Ha pedido que no se malinterprete la propuesta, para no sacar conclusiones erróneas. Pero es que no hay malas interpretaciones en la críticas, porque lo que dijo Díaz Ayuso fue muy claro: quien tenga esa cartilla podrá vivir con «una cierta normalidad» y con beneficios que no tendrán quienes carezcan de ella.

Quizá se deban también al efecto del excesivo calor la lamentable y vergonzosa respuesta del secretario general del PP, Teodoro García Egea, a una periodista que le preguntó por una presunta desviación de dinero público por parte de un senador del PP para pagar mítines de su partido, según la Guardia Civil. El dirigente popular contestó hablando de Pablo Iglesias; la periodista, muy sorprendida, repitió la pregunta y él volvió a hablar de Iglesias. Y probablemente pensó que había sido muy ingenioso al eludir de esa manera la pregunta, cuando lo que hzo fue reírse de esa periodista y demostrar una absoluta falta de respeto a los periodistas y al derecho a la información de la ciudadanía.

Y, tal vez por la misma causa meteorológica, los 120 diputados del PSOE decidieron acudir todos al último pleno del Congreso, con mascarillas pero si poder guardar la distancia recomendada de seguridad, pese a que esa Cámara acordó hace meses que sólo asistiría el 50% debido al coronavirus. Ciudadanos, PP y Vox criticaron esta decisión de los socialistas, y tienen razón para hacerlo.