Dirigentes "populares" piden un partido centrado que no compita con Vox

El dilema del PP: o moderarse o echarse al monte

El Gobierno va a tener que hacer encaje de bolillos para sortear los problemas a los que se enfrentará, tanto los que surgirán dentro del propio Consejo de Ministros como los que provocará la oposición

Pablo Casado y el PP deben adoptar una decisión importante: o eligen hacer una oposición seria, como correspondería a un partido que aspira a gobernar, o bien optan por echarse al monte y radicalizarse para competir con la ultraderecha, como hizo Casado en la campaña electoral de abril pasado con tan malos resultados. Algunos de sus líderes regionales dicen que deben caminar por la moderación y la centralidad, pero lo que se vio y escuchó en su bancada durante la sesión de investidura permite temer lo peor, que vuelvan a las andadas de abril.

El PSOE ganó las últimas elecciones generales, con unos resultados peores de los que esperaba y la pérdida de votos y de cuatro escaños; pero las ganó. Y Pedro Sánchez, tras ser propuesto por el rey Felipe VI, ha sido investido presidente del Gobierno en la segunda votación por 167 votos a favor frente a 165 en contra, una mayoría simple tal y como establece la Constitución.

Cualquier niño sabe, desde que aprende a sumar, que 167 son más que 165. Pero, como esta investidura ha sido posible gracias a que los diputados de ERC y EH Bildu se han abstenido tras negociar con Sánchez, el PP y Vox -también Ciudadanos, dentro de su casi irrelevancia parlamentaria- se han olvidado de las matemáticas, han montado en cólera y vaticinan todos los males y plagas bíblicas sobre España antes incluso de que se constituya el Gobierno. Santiago Abascal ha llegado a decir que este Gobierno es «ilegítimo», pese a que es el rey quien propuso al candidato Sánchez y a que se han seguido al pie de la letra lo que establece la Constitución. Allá cada cual con sus palabras.

PP, Vox y Ciudadanos, a por la segunda Reconquista de España

Los tres partidos de derechas se autoproclaman los únicos defensores de la unidad de la patria, como unos nuevos Reyes Católicos del siglo XXI dispuestos a volver a conquistar Granada y vencer al peligro musulmán, ahora representado por quienes ellos llaman despectivamente independentistas, comunistas, populistas y herederos de ETA. Y bolivarianos, claro. Parece que quieren ser los protagonistas de una segunda Reconquista de España.

Si no fuera porque se trata de un tema muy serio, algunas intervenciones de los líderes de esos tres partidos que se escucharon en la sesión de investidura producirían carcajadas. Pero el asunto es demasiado importante como para tomárselo a broma. Precisamente por eso sorprende que algunos dirigentes del PP, en vez de dedicarse a hacer una oposición contundente pero con seriedad para defender la unidad de España frente al separatismo, parece que prefieren crispar y provocar más tensión en vez de aplacar los ánimos. Por suerte para ese partido y para la vida política, no todos son así.

Javier Maroto, portavoz del PP en el Senado, ha dicho en TVE que el PP está dispuesto a ser «una pata del Estado en positivo» y a alcanzar acuerdos con el Ejecutivo porque «ningún Gobierno lo hace todo mal ni lo hace todo bien».

Alfonso Alonso, presidente de PP vasco, se ha pronunciado en esa misma línea. Ha dicho que su partido tiene que hacer una oposición contundente pero, al mismo tiempo, ofrecer moderación y concordia frente a los extremismos radicales de izquierda y derecha. «Los que chillan, chillan mucho y siempre nos van a ganar a chillidos. El PP tiene que ganarles a sensatez», ha afirmado.

Una legislatura difícil

La duda es si Pablo Casado compartirá esa opinión de Maroto, Alonso y otros dirigentes del PP como los presidentes de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, y Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, o si seguirá la senda del extremismo de derechas que él mismo practicó para las elecciones de abril de 2018 y defienden otras personas en su partido.

La nueva etapa del Gobierno que ahora se inicia no va a ser fácil, pero para muchos ciudadanos significa el inicio de un periodo de esperanza. Muchas personas confían en que el primer Gobierno de coalición progresista de la democracia española hará posible recuperar derechos que se han perdido durante la crisis económica, sobre todo con medidas que adoptó el Gobierno del PP y su grupo parlamentario.

El presidente y los ministros van a tener que hacer encaje de bolillos para sortear los muchos problemas a los que se enfrentará, tanto los que surgirán dentro del propio Consejo de Ministros como los que van a provocar los partidos de la oposición. La ciudadanía deberá exigir al Gobierno que cumpla lo que sus integrantes han negociado y prometido, y exigir a la oposición que haga su trabajo con toda la contundencia que quiera pero sin crispar la vida política y sin entorpecer las medidas que puedan mejorar la vida diaria. Para eso se elige a los políticos y para eso se les paga el sueldo.