La repetición de elecciones

El problema no es votar otra vez, sino mantener el país empantanado

Aunque presumiblemente la abstención será mayor que el 28 de abril, el pueblo va a ir a votar, porque tiene más sentido común que sus dirigentes políticos y sabe tragarse la ira, el miedo o la incertidumbre

El 90 por 100 de los españoles se siente decepcionado, enfadado o preocupado por la repetición de elecciones. Me encuentro en ese porcentaje de españoles del sondeo de DB40 para “El País”, publicado ayer domingo.

Yo creo que en realidad los españoles no están decepcionados «o» enfadados «o» preocupados, sino que la conjunción adecuada para la frase es la “y”, porque estamos decepcionados. «Y» enfadados. «Y» preocupados. «Y», desde luego, hartos. Como poco. Al menos es mi caso y el de toda la gente con la que hablado desde que el fantasma de la repetición de elecciones empezó a ser la variable más probable.

El problema no es ir a votar, desde luego. El problema es que votar dos veces para unas elecciones generales en siete meses es mantener el país empantanado más de un año justo cuando las sombras de la economía amenazan de nuevo por el frenazo y teniendo en cuenta que la inestabilidad política lleva instalada desde 2015.

Cuatro elecciones generales en cuatro años. Aún así, el problema no es ir a las urnas. Lo grave, lo que decepciona, enfada y preocupa es tener que volver a votar a uno de los líderes políticos que, por motivos de estrategia o táctica política, ha provocado y/o permitido que España siga empantanada.

Falta de madurez política y democrática en los líderes

Desde luego, por falta de madurez política y democrática, por lo menos. Las encuestas avanzan que no todos serán castigados de la misma manera, aunque el enfado de los españoles es generalizado. Eso demuestra que el pueblo tiene más sentido común que sus dirigentes políticos y sabe tragarse el hartazgo para dar una nueva oportunidad al sistema y a quienes lo representan en este momento encabezando las principales candidaturas, que son las que tienen posibilidad de gobernar o de facilitar la gobernanza de España.

Parece evidente que habrá una abstención mucho mayor que el 28 de abril, pero aún así, la gente va a acudir a votar en un porcentaje muy por encima de la desidia que provoca y la impotencia que supone votar a los mismos que mantienen el país empantanado por falta de acuerdo político.

Que no todos vayan a pagar el mismo precio en escaños en la cita electoral del 10 de noviembre no significa que el pueblo no se guarde una factura pendiente con todos y cada y uno de los que considere responsable. Y seguro que se la cobra.

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