Unidas Podemos fracasa en Galicia y el PP en el País Vasco, pero nadie ha asumido responsabilidades

Mucha autocrítica de palabra, ninguna en la práctica

¿Por qué les costará tanto trabajo a los políticos reconocer los hechos como son? Al escuchar a algunos, hay que pensar que están fuera del mundo real o que consideran a la ciudadanía como gente estúpida que no se entera de nada y es fácil de manipular

Dice el refranero popular que «cada uno habla de la feria según cómo le va en ella». Pero, a juzgar por lo que han declarado algunos candidatos y dirigentes políticos tras las reciente elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco, parece que no conocen ese refrán o no se lo aplican a sí mismos. Solo así se puede entender que algunos, pese al batacazo que se ha llevado su partido en esos comicios, hayan hablado como si hubieran rozado el aprobado cuando lo que han recibido es un rotundo suspenso. 

¿Por qué les costará tanto trabajo a los políticos reconocer los hechos como son y hacer autocrítica de verdad, no solo de palabra? Al escuchar a algunos, ya en la misma noche electoral, hay que pensar que están totalmente fuera del mundo real o que consideran a la ciudadanía como gente estúpida que no se entera de nada y es fácil de manipular. Y cualquiera de esas dos opciones es muy grave.

Núñez Feijóo arrasa en Galicia y defiende un PP distinto al de Casado

En Galicia ha arrasado Alberto Núñez Feijóo, con su cuarta mayoría absoluta consecutiva y 41 diputados, uno más de los que tenía. Ha triunfado con una campaña electoral muy personal y con unos carteles en los que las siglas del PP no figuraban o apenas eran visibles. Esa es la realidad, pero Pablo Casado y otros dirigentes populares dicen que es un triunfo conjunto y hablan del tándem Feijóo-Casado como una unidad indivisible, cuando son bien conocidas las discrepancias políticas entre ambos: el gallego defiende la necesidad de hacer una oposición moderada, mirando al centro derecha y no a Vox,mientras el líder estatal se ha derechizado para intentar que no le quite más votos el partido de ultraderecha de Santiago Abascal. Aunque él siempre lo niega, claro.

En el País Vasco, Casado prescindió de Alfonso Alonso e impuso con su dedo como cabeza de lista a Carlos Iturgáiz, a quien en abril de 2019 había situado en el número 17 de la candidatura del PP al Parlamento Europeo. Decepcionado por ese puesto tan bajo, que no le permitiría ser elegido después de llevar 10 años como eurodiputado, Iturgaiz abandonó entonces la política.

El PP tenía nueve diputados en el Parlamento vasco  y perdió cuatro, a pesar de que se presentaba en coalición con Ciudadanos. Cinco días después ha logrado uno más, al contar los votos del extranjero, hasta seis, de los que dos son para el partido naranja. Pero, en la noche electoral, Iturgáiz no reconoció sinceramente esa derrota y realizó unas declaraciones lamentables en las que quiso justificar lo injustificable diciendo que habían «ganado a las encuestas», que les pronosticaban incluso peores resultados, como si eso fuera a devolverles los escaños que han perdido. Lo dicho, lamentable.

Y no solo eso. En vez de irse a su casa, como debería haber hecho tras su fracaso, Iturgaiz ha anunciado que está dispuesto a liderar el PP vasco y se va a presentar en el próximo congreso regional para ser su secretario general. Y Pablo Casado le apoya, aunque hace un año pretendía que no estuviera en el Parlamento Europeo. Vivir para ver.

Unidas Podemos desaparece del Parlamento gallego y pierde cinco escaños en el vasco

La coalición Unidas Podemos, dividida en Galicia como lo está en otras comunidades autónomas, tenía 17 escaños en el Parlamento de esa comunidad y ha desaparecido de esa Cámara, los ha perdido todos. Tendrán que analizarlo, pero seguro que ha influido la división de En Marea en dos candidaturas, los muchos problemas internos del partido, el control ejercicido desde Madrid por Iglesias y su equipo más fiel  y, también, la falta de una estructura que sí tienen otros partidos.

En el Parlamento vasco, Unidas Podemos ha perdido cinco de los 11 diputados que tenía. Y, casi una semana después de esas votaciones, nadie ha asumido ninguna reponsabilidad por esos fracasos, ni en Galicia ni en el País Vasco. ¿Qué queda de aquel partido morado que tanta ilusión despertó en decenas de miles de ciudadanos en 2014, cuando llegó para demostrar que era posible hacer política de otra manera?

El líder de Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno de coalición, Pablo Iglesias, reconoció la misma noche electoral que en ambas elecciones han sufrido «una derrota sin paliativos», «nos toca hacer una profunda autocrítica y aprender de los errores que sin duda hemos cometido», afirmó en un mensaje difundido por Twitter. Y nada más. Ni él ni los demás dirigentes de Podemos -ni siquiera Pablo Echenique, tan acostumbrado a opinar de todo por las redes sociales a diario- han dicho nada más sobre este doble fracaso electoral. En los días siguientes a las elecciones han impuesto un muro de silencio.

La autocrítica, esa palabra que la Real Academia Española de la lengua define como el juicio crítico que alguien hace sobre sus propias obras o comportamientos, hay que aplicarla de manera práctica, no basta con anunciarla en las redes sociales. Cada vez que Podemos ha perdido votos y escaños en unas elecciones -como viene ocurriendo desde su gran éxito en 2015, cuando logró 69 escaños-, Pablo Iglesias siempre ha dicho que tienen que hacer autocrítica. Ahora también.

Habrá que esperar a ver en qué se traduce en la práctica ese sano ejercicio de examinar lo que se ha hecho mal y adoptar medidas para corregirlo. Porque tienen que pensar muy seriamente qué han hecho mal para que un movimiento que revolucionó la vida política y que tan solo cinco años después de nacer ha logrado entrar en el Gobierno, con una vicepresidencia y cuatro ministerios, haya sido incapaz de sacar provecho a esa situación. El poder institucional conseguido no se ha traducido en votos ni en avance y poder territorial. Y, por mucho que se empeñen Iglesias y otras personas de su equipo, la culpa de los fracasos no es toda de los medios de comunicación, de las empresas y, en definitiva, de los demás. Siempre hay que hacer autocrítica, además de la crítica legítima y necesaria.

En el programa Las mañanas de RNE, la filóloga Pilar García Mouton tiene un espacio titulado Palabras moribundas. en el que analiza si determinadas palabras que le proponen los escuchantes de esa emisora continúan siendo utilizadas o si su uso ya no es habitual y, entonces, las declaran «moribundas». Si dedicara un programa a la palabra «autocrítica», concluiría que los políticos la pronuncian habitualmente pero no la practican; aunque digan que sí lo hacen. Es decir, que en teoría no es moribunda pero en la práctica sí. Y deberían resucitarla llevándola a la práctica, no solo pronunciándola en declaraciones a los periodistas y en las redes sociales.