domingo, 3 de marzo de 2024
El expresidente se despide 18/12/2011junio 14th, 2017

Las cosas en el PSOE castellano-manchego están mal o peor que mal. Las malas relaciones políticas de las principales figuras del partido han atravesado el escalón de lo personal y el ejemplo más gráfico, aunque todavía no de dominio público, lo representan los dos expresidentes, José Bono y José María Barreda. Bono, quien aseguran que se siente decepcionado, traicionado y avergonzado por el sucesor que eligió personalmente y a dedo, ha decidido despedirse por carta de todos los consejeros que formaron parte de sus gobiernos durante los 21 años que fue presidente. En la misiva repasa las muchas cosas que hicieron por la región sin endeudarse hasta las cejas, pagando a todo el mundo y cerrando cada ejercicio las cuentas públicas con equilibrio o superávit.

«Se va como un señor» dicen algunos para referirse a las cartas que José Bono está enviando en estos días agradeciendo la colaboración recibida durante su larga carrera política de los más diversos colectivos y personas. Otros, los menos, se suben por las paredes. Lo cierto es que parece que al expresidente se le ha acabado la paciencia y quiere dejar muy claro qué significaron sus gobiernos para Castilla-La Mancha y qué han supuesto los de José María Barreda y el gigantesto endeudamiento que ha dejado en las cuentas públicas de la Junta.


Y es que la carta más comentada estos días en el seno del PSOE es la que han recibido todos y cada uno de los hombres y mujeres que formaron parte de alguno de sus gobiernos durante los 21 años que fue presidente de Castilla-La Mancha. 

En ella, Bono utiliza un tono cariñoso, de agradecimiento y despedida y aprovecha para mandar un mensaje de ánimo y de orgullo por lo mucho que considera que se hizo por esta comunidad autónoma en los cinco lustros durante los que fue el presidente de Castilla-La Mancha, desde 1983 a 2004.

El aspecto que más ha llamado la atención es que Bono resalta en su carta que todas las cosas que se hicieron por una tierra abandonada y olvidada cuando comenzó a caminar como comunidad autónoma se consiguieron cerrando las cuentas públicas con superávit en la mayoría de los presupuestos ejecutados, salvo alguno que se acabó en equilibrio presupuestario, la marca de los tiempos actuales.

Bono se distancia así del mensaje oficial del barredismo, que justifica su pésima gestión política y económica en la necesidad de endeudarse hasta las cejas para poder atender las necesidades de desarrollo y servicios de la región. Nada más lejos de la realidad, parece querer decir el expresidente.

De hecho, Barreda heredó la comunidad autónoma menos endeudada de España y entrega la que tiene el déficit público más alto, siete veces más de lo permitido.

Bono ganó por más de 20 puntos y más de 200.000 votos las últimas elecciones en las que fue candidato, las de 2003, y provocó un cataclismo interno en el PP que provocó que cambiaran cinco veces de cabeza visible en una legislatura, hasta que llegó, en mayo de 2006, María Dolores de Cospedal. Barreda ha dejado el partido, siete años después, 56.000 votos por debajo.

El expresidente del Congreso nombró heredero a Barreda a dedo, sin oposición, y le entregó un partido unido como una piña que acataba las decisiones del secretario general, aunque no les convencieran a todos. Barreda dejará de ser secretario general del PSOE de Castilla-La Mancha en unos meses y devuelve una organización en el que cada provincia es un reino y algunas ni si quiera son un solo reino.

En definitiva, Bono se despide recordando su herencia y tratando de levantar la moral a quienes pusieron en ella su grano de arena. Y aprovecha para desmarcarse de su sucesor y devolverle algunas de las muchas bofetadas que ha encajado durante estos años en los que los más cercanos colaboradores y amigos de Barreda llegaron a mofarse de Bono y de quienes permanecían en el escenario regional con el sello de haber sido sus hombres.

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