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domingo, 14 de agosto de 2022
La campaña de vacunación contra la gripe priorizará a los pacientes más vulnerables.
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Llamamiento de la OMS - 28 noviembre 2020

Con todos los países del mundo pendientes de las vacunas y de la solución a la pandemia que de estas pueda llegar, el otro foco de atención es el modo en el que serán distribuidas. En este sentido, recientemente el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el etíope Tedros Adhanom, indicó que «la urgencia con la que se han desarrollado vacunas debe ir acompañada de la misma urgencia por distribuirlas equitativamente». En rueda de prensa puso de manifiesto que la esperanza de que las vacunas, en combinación con otras medidas de salud pública de probada eficacia, ayuden a poner fin a la pandemia «es ahora real».

«Nunca se insistirá lo suficiente en la importancia de este logro científico» y es que «jamás en la historia se había desarrollado una vacuna tan rápidamente». No obstante, Adhanom alertaba de que existe el peligro de que las personas más pobres y vulnerables sean «pisoteadas en una estampida por la obtención de la vacuna», de ahí que en abril -explicaba- la OMS estableciese el «acelerador de acceso a las herramientas contra la Covid-19», un acelerador que ha servido de apoyo «en la iniciativa mundial más rápida, coordinada y exitosa de la historia para desarrollar vacunas, medios de diagnóstico y tratamientos».


Tal y como apuntaba el director general de la Organización Mundial de la Salud, se necesitan urgentemente 4.300 millones de dólares para apoyar la adquisición y entrega masiva de vacunas, pruebas y tratamientos y se necesitarán otros 23.800 dólares el próximo año. «Esto no es caridad, es la manera más rápida e inteligente de poner fin a la pandemia e impulsar la recuperación económica mundial». De hecho, el Fondo Monetario Internacional calcula que si las soluciones médicas pueden estar disponibles antes y en mayor escala, podría generarse un aumento acumulativo de los ingresos mundiales de casi nueve billones de dólares para finales de 2025.

En su opinión, la verdadera cuestión no es si el mundo puede conseguir compartir vacunas y otras herramientas, sino si puede permitirse no hacerlo.

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