miércoles, 29 de abril de 2026
Diego Arroyo y Pepe Narváez, del grupo Veintiuno. Foto: Rebeca Arango.
Diego Arroyo y Pepe Narváez, del grupo Veintiuno. Foto: Rebeca Arango.
Entrevista - 29/04/2026 19:38 | Actualizado a 29/04/2026 19:45 - Toledo

El grupo Veintiuno atraviesa uno de sus momentos más activos tras el estreno de su nuevo single Troya. La canción llega en plena etapa de expansión del proyecto, en un periodo en el que la banda combina lanzamientos, trabajo en estudio y la preparación de una nueva fase de directos que marcará el ritmo de los próximos meses.

Más allá del calendario inmediato, este nuevo lanzamiento se integra dentro de un universo creativo más amplio que este grupo toledano ha ido construyendo en el último año. Su último álbum, La balada de Delirio y Equilibrio, funciona como eje de ese universo, articulado en torno a una dualidad persistente: la tensión entre la entrega y el miedo. Un proyecto que ha ido definiendo no solo un sonido, sino también una forma de entender el proceso creativo y la relación con el público.


Un presente en movimiento

En este contexto, el grupo se encuentra en un momento de transición entre la intensidad del estudio y la inminencia del directo, un cambio de ritmo que, según nos explican Diego Arroyo y Pepe Narváez a ENCLM, marca de forma natural su presente.

  • Pregunta (P): Venís de unos meses bastante intensos con el disco y los últimos lanzamientos, ¿cómo estáis ahora mismo como grupo?
  • Respuesta (R) (Pepe Narváez): Pues la verdad que con bastante ilusión, porque ahora empieza la época fuerte de conciertos, de gira, de viajes. Hemos hecho mucho trabajo de lo que llamo yo oficina o casa, que también es intenso, pero ahora viene la parte de salir y desfogarnos un poco. Tenemos muchas ganas.

A lo largo de más de una década de trayectoria, Veintiuno ha aprendido a convivir con la incertidumbre propia de una industria cambiante, algo que han incorporado como parte estructural de su forma de trabajar.

Lejos de plantearse objetivos rígidos, el grupo ha optado por una filosofía más abierta en la que el presente tiene más peso que cualquier expectativa futura.

  • P: ¿Es este momento algo que os imaginabais cuando empezasteis o es muy distinto?
  • R (Diego Arroyo): Hace como diez años que trabajamos sin ninguna expectativa, que es algo muy sano para este tipo de trabajo, porque es una profesión muy cambiante, que desarma las cosas muy rápido. Somos muy prudentes con eso. Probablemente en algún giro esta industria nos saque, y hay que tenerlo en cuenta. Así que intentamos disfrutar el momento. De momento estamos creciendo, y eso es maravilloso, pero se puede acabar pasado mañana.
Diego Arroyo y Pepe Narváez, del grupo Veintiuno. Foto: Rebeca Arango.

Diego Arroyo y Pepe Narváez, del grupo Veintiuno. Foto: Rebeca Arango.

Crear desde la intuición

Ese equilibrio entre crecimiento y fragilidad también atraviesa el proceso creativo de sus últimos lanzamientos. «Troya», en particular, nació de forma casi espontánea, en un contexto cotidiano que terminó convirtiéndose en una de las canciones más representativas.

  • P: “Troya” la habéis descrito como una canción casi «tonta y feliz», que incluso pensabais que podría no gustar. ¿De dónde surge esa sensación?
  • R (Diego Arroyo): Troya nace como todas las canciones «tontas», de un buen día en el Planetario de Madrid. Fue justo después del gran apagón, porque íbamos a ir a grabar el día anterior y no pudimos. Al día siguiente acabé escribiéndola. No sabía si iba a funcionar o no, pero cuando se la enseñé a la banda les gustó muchísimo.

El proceso reciente del grupo ha estado acompañado de cambios, decisiones creativas y una evolución constante tanto en lo musical como en la manera de trabajar juntos. Sin embargo, más allá de la parte artística, destacan la importancia del equilibrio interno como base del proyecto.

  • P: Ha sido un año con cosas muy buenas pero también con situaciones difíciles, ¿cómo lo gestionáis como banda?
  • R (Pepe Narváez): Somos cuatro personas diferentes, pero somos capaces de equilibrarnos entre todos. Nos conocemos muy bien después de tantos años tocando juntos. Ha sido un año de muchos cambios, de muchas apuestas. Entendernos y querernos un poco es clave y luego ya la parte de la música, nuestro amigo Diego es el que le da fuerte.
  • R: (Diego Arroyo): Le damos todos.

La relación con el público es otro de los ejes que atraviesa esta etapa. A medida que el grupo crece, también lo hace la expectativa en torno a cada nuevo lanzamiento, algo que reconocen como inevitable pero que intentan gestionar desde una posición creativa más que reactiva.

  • P: ¿Os preocupa más lo que sentís al hacer una canción o cómo va a recibirla el público?
  • R (Diego Arroyo): Nos acaba preocupando, claro, pero el escenario ideal es que no. El público es mucho más listo de lo que creemos y también muy cambiante. Intentamos ofrecer siempre algo muy bueno, porque si no, te equivocas. Tienes que estar pendiente de que tu sonido evolucione para acompañar a la gente que te sigue, pero desde luego, no darles lo que crees que quieren porque te vas a equivocar todo el rato.
  • P: ¿Tenéis la sensación de que a veces la gente se espera más de vosotros? ¿Como lo gestionais?
  • R: (Diego): Si, Constante. Y te jodes y sigues. Pero a nosotros nos pasa. Cada vez que un artista que nos gusta saca un tema, ese artista compite contra nuestros temas favoritos de ese artista. Entonces lo único que puedes hacer es hacer el mejor tema posible para que alguno de los que estás haciendo se convierta en su tema favorito. Es con lo único que puedes trabajar. Hacer una buena canción todo el rato, pero hacer la misma no funciona. Lo que queda es que trabajes con la mayor honestidad para hacer lo que más te guste y luego a lo mejor en el futuro, si tienes suerte, eso formará una parte respetable de tu corpus artístico.

En paralelo, el grupo ha desarrollado en los últimos años un universo creativo que va más allá de la música, incorporando elementos narrativos, visuales y experiencias.

En los últimos lanzamientos, Veintiuno ha ido construyendo un imaginario con acciones como juegos de pistas para quedar con sus fans que forman parte de ese intento de ampliar la experiencia del disco.

  • P: ¿Qué buscáis con este tipo de acciones alrededor de los lanzamientos?
  • R (Diego Arroyo): El disco tiene un «lore» muy propio, un cosmos estético muy marcado. Hemos querido construir algo más grande que las canciones. Ver cómo la gente conecta con eso y participa es increíble. Es algo que nosotros como fans también disfrutamos cuando otros artistas lo hacen.

Ese universo se articula en torno a un álbum concebido como una estructura narrativa, donde cada canción forma parte de un recorrido emocional entre dos ideas opuestas. Lejos de complicar el proceso, el grupo asegura que ese marco les ha ayudado a simplificar decisiones creativas.

  • P: ¿Cómo es construir un disco con una estructura narrativa tan clara?
  • R (Diego Arroyo): Es más fácil de lo que parece. Cuando estás en un proceso creativo, el problema es tener cualquier posibilidad abierta. El condicionar los grados de libertad respecto a dónde trabajas facilita el trabajo. El hecho de establecer un marco narrativo lo que ayuda es a limitar la cantidad de posibilidades que tienes. Y además creíamos que había una idea estimulante que era coger una canción del primer disco que nos puso en el mapa y trabajar sobre eso y desarrollarlo. Y de momento parece que va bien, así que es mucho más fácil, porque si te enfrentas al infinito, pierdes mucho tiempo en descartar ideas
  • P: Si este disco o los últimos lanzamientos fueran con una etapa, ¿En qué punto os encontráis?
  • R (Diego): En el primer año de matrimonio
  • R (Pepe): Primer año. Me gusta.

La evolución constante del grupo no se entiende, según ellos, como una ruptura con su identidad, sino como una extensión natural de la misma. Lejos de temer el cambio, lo consideran una necesidad dentro de su crecimiento.

  • P: ¿Habéis tenido miedo de perder vuestra identidad por evolucionar demasiado?
  • R (Pepe Narváez): Yo creo que el miedo es al revés, es miedo a quedarte estancado. Si volviéramos al local de ensayo de 2018, seríamos personas completamente distintas. Todo lo que nos llega del mundo nos cambia.

Toledo como punto de partida

En este proceso, Toledo sigue ocupando un lugar central tanto en su imaginario como en su identidad como banda. No solo como punto de origen, sino como elemento presente en su narrativa visual y creativa, especialmente visible en los últimos videoclips rodados en la ciudad.

  • P: En los últimos videoclips habéis vuelto a rodar tanto el tema de Vidas Pasadas com Troya en Toledo, ¿qué representa la ciudad para vosotros hoy?
  • R (Diego Arroyo): Todo. Es casa. Con estos dos temas hemos podido cumplir con una ilusión muy antigua de la banda, que era que muchas veces por un motivo presupuestario y de tiempo no podíamos hacer cosas en Toledo, porque al final todo sale de Madrid en la gira y es muy difícil que tú convenzas a la gente de que aquí hay algo increíble para poner en el foco. Se juntaron varias cosas en este invierno, ciertos reconocimientos y cierto valor sobre la banda que sentíamos que nos abrían la posibilidad de proponer una idea un poco loca, que era bueno, sabíamos que íbamos a sacar un par de singles que iban a ir seguidos en primavera y eso implica internamente una bolsa de presupuesto. Y propusimos a nuestro sello oye, nos dejáis libertad para proponer unas localizaciones que creemos que pueden ser increíbles, que van con la narrativa del álbum de la banda y que podemos construir en un sitio que nosotros sabemos que es increíble. Toledo tiene un patrimonio increíble, incluso comparable al de otras grandes ciudades europeas. Hay espacios que no siempre están en el foco y queríamos mostrarlos.

Cuando se les pregunta por un lugar concreto que represente a la banda dentro de la ciudad, la respuesta no apunta a los espacios más visibles, sino al origen de todo el proyecto.

  • P: Si tuvierais que llevar a alguien a un sitio de Toledo que represente a la banda, ¿cuál sería?
  • R (Diego Arroyo): Probablemente al Polígono, a los locales de Múltiple. Eso es lo que somos como banda. Es donde empezamos a ensayar. Es donde estuvimos muchos años ensayando. Y además Múltiple y El Rubio son gente que ha apostado mucho por Veintiuno, que ha cuidado siempre mucho a la banda. Lo siguen haciendo, siempre tienen palabras agradables sobre nosotros y para nosotros, y siempre que necesitamos ayuda, siempre están ahí. Así que para mí es eso.

El futuro inmediato del grupo sigue abierto, inmerso aún en el desarrollo de este proyecto conceptual que todavía no ha concluido. Aunque reconocen que es pronto para pensar en la siguiente etapa, sí tienen clara una idea de fondo que conecta con su propia trayectoria.

    • P: ¿Qué os gustaría que alguien de Toledo entendiera de Veintiuno en una primera escucha?
    • R (Diego Arroyo): Que se puede salir de aquí. Cuando empezamos no había tantos referentes de bandas que lo hubieran conseguido. Si algo nos gustaría transmitir es eso: que sí se puede, y que puede ser tu banda. Eso creo que es muy inspirador.

En el fondo, la conversación no solo dibuja el presente de una banda en crecimiento, sino algo más reconocible: la tensión constante entre quedarse y avanzar. Desde Toledo, su punto de partida, Veintiuno ha construido un proyecto que crece sin romper con su origen. Y quizá ahí está la clave: en demostrar que quedarse no siempre significa quedarse quieto.

Diego Arroyo y Pepe Narváez, del grupo Veintiuno. Foto: Rebeca Arango.

Diego Arroyo y Pepe Narváez, del grupo Veintiuno. Foto: Rebeca Arango.

Sara Acero
Sara Acero

Periodista ciudadrealeña graduada en la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM)
Ligada desde 2018 a Toledo, ciudad en la que he crecido personal y profesionalmente.
Defensora de un periodismo local que sirva de altavoz y nos conecte con la realidad más invisible.
Escribo en este medio desde 2022 sobre temas de Toledo, educación, sanidad y sucesos.

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