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lunes, 28 de noviembre de 2022
Denisse Ullauri ha sido prostituta durante 20 años y ahora colabora con la Asociación In Género. Foto: Rebeca Arango.
Denisse Ullauri, ha sido prostituta durante 20 años y ahora colabora con la Asociación In Género. Foto: Rebeca Arango.
"VIVIMOS, PERO TAMBIÉN MALVIVIMOS" - 11 marzo 2022 - Toledo

Castilla-La Mancha es la región con más prostíbulos en España. Alberga, ni más ni menos, que la friolera del 80% de los burdeles de todo el país. Según datos ofrecidos por la Asociación In Género, en Castilla-La Mancha hay 75 clubes, 195 pisos y 11 casas.

A esto se le suma la cantidad de personas que salen a la calle para ejercer el denominado «oficio más antiguo del mundo». Puntos estratégicos en muchas de las ciudades de la región, como por ejemplo una de las rotondas más famosas en Talavera, en la avenida Francisco Aguirre o también la llamada «carretera del amor en Cuenca». 


Atendidas en CLM 1.621 personas víctimas de trata o que ejercen la prostitución

Durante 2021, esta entidad sin ánimo de lucro dedicada a dar respuesta a las necesidades de las personas que ejercen la prostitución y las víctimas de trata ha atendido en Castilla-La Mancha a un total de 1.621 personas. La mayoría han sido mujeres CIS (la identidad de género de una persona coincide con el sexo asignado), pero también a 37 hombres y un centenar de mujeres trans.

Del total, 80 personas son de origen español, el resto son naturales de países como Colombia, República Dominicana, Paraguay, Rumania y Venezuela. 

Esta asociación aporta información a estas personas, pero también -si ellas quieren-, recursos. Eso le pasó a nuestra entrevistada, Naomi Denisse Ullauri Rivera, que aunque ahora trabaja con esta asociación y asesora a estas personas ha ejercido durante 20 años la prostitución. ¿Por qué? Este equipo de encastillalamancha.es se lo ha preguntado todo… Quédense en esta información si quieren conocer su historia. 

Cuando estuvo preparada «salió a la pista»

«Me llamo Denisse, tengo 45 años, soy mujer trans y vivo en Seseña Nuevo», son sus primeras palabras después de la introducción de cortesía que mantenemos al decirle que se presente. En 1997, con 19 años, llegó a España y la salida más fácil para poder pagar en tres meses la hipoteca que había dejado en Ecuador a sus padres fue ejercer la prostitución a pesar de haber buscado otras.

«Mi hermana, que ya vivía en España, fue a Ecuador a ver el visado, me preparó los papeles, hipotecamos la casa de mis padres y me vine yo también a Madrid».

Tras varias entrevistas de trabajo fallidas, conoció a una mujer prostituta «me llevó a su casa y me explicó lo que era el mundo de la prostitución por encima y una noche me llevó a la Casa de Campo en Madrid, por detrás del lago». Entonces, Denisse estuvo 10 días sentada, con mirada atenta, observando cómo se trabajaba allí. «Cuando estuve preparada, mi amiga me prestó ropa, pelucas y botas y salí a la pista». 

En tan solo 15 días «saldé la deuda que tenía», por eso asegura que se acostumbró a trabajar en esto. Comenzó a ver dinero «yo nunca lo había visto en mi país».

Charlando con Denisse. Foto: Rebeca Arango.

Charlando con Denisse. Foto: Rebeca Arango.

El mundo de la prostitución: «Si no se la chupaba, me llevaban detenida»

Cuando tu amiga te lleva a su casa y te explica, por encima, el mundo de la prostitución, ¿qué te cuenta?, le pregunto. «Que hay de todo, gente buena, gente mala, mucha envidia… y me dijo que me cuidara, que cobrara lo que era y que no me dejara influenciar por nadie, que siempre tuviera cuidado«.

Además le enseñó algunas lecciones básicas: «Cómo acercarme a un coche, por ejemplo, porque a veces venía gente en la parte trasera del coche y si me acercaba con la cartera cerca de la ventanilla me podían agarrar, arrastrar y robar…». Lo que Denisse todavía no sabía es que este mundo está ligado a las adicciones, al mercado negro y a la violencia, pero pronto lo supo.

«El tiempo fue pasando y vinieron los percances», dice. En esos momentos empezó a recordar las palabras de su amiga, «coger ese dinero no es fácil, tienes que aguantar a mucha gente, gente enferma, perversa, gente que te paga para luego pelarte y robarte». Tras tantos episodios negros, la protagonista dejó de acudir por la noche porque los abusos de madrugada eran mayores, «como la Policía sabía que eras ilegal, llegaba a las tres de la mañana y me decía que si no se la chupaba, me llevaba detenida». 

Una sociedad enfrentada a Denisse 

Denisse y sus compañeras de trabajo han tenido que aguantar los desaires de una sociedad entera. Por un lado, parte del sistema como los episodios de madrugada con la policía. Por otro, las humillaciones por homofobia al ser trans, «un día un grupo de chicos vino con extintores y me los rociaron por toda la cara» gritando al unísono ¡maricón de mierda! O cuando defendió a una amiga: «La estaban arrastrando para llevarse su cartera y la ayudé», su defensa no le salió gratis.

Una noche se quedó sola en la Casa de Campo y vio a lo lejos a un grupo de chicos que se acercaban con sus scooters, eran los mismos. «Me empezaron a insultar y decidí correr hacia un albergue que había detrás de Príncipe Pío. Grité, pedí auxilio, había muchos coches, pero nadie me ayudaba», y la suerte no se puso de su lado, una vez más, porque le alcanzaron. «Me tumbaron, me pegaron patadas, me robaron… Suerte que tenía dinero en la bota porque muchas de nosotras nos lo amarrábamos a las piernas, al igual que la documentación. Fue horrible.»

Y por último y lo más habitual, las vejaciones y abusos por parte de los propios clientes. «Ellos piensan que nos están comprando, pero no es así. Se creen que pueden hacer y deshacer a su antojo. Al principio lo pasé mal porque abusaban de mi. Una vez me llevó un cliente a su piso, me encerró y me quiso meter un palo por detrás, yo grité, pedí auxilio y por fin conseguí coger las llaves y escapar».

«Es gente enferma, gente perversa» 

¿Por qué hacen eso? le pregunto a sabiendas que en este mundo hay de todo. «Yo tampoco lo sé, es gente enferma, gente que a veces tiene fantasías perversas y quieren de todo, que les des patadas, que les golpees…» a ella le han pedido de todo y poco a poco ha ido aprendiendo a poner límites. «De tantos golpes que he recibido en la calle, me he hecho más fuerte. La calle me enseñó a poner límites y un día escogí con quién me iba y qué servicios prestaba».

«Te acostumbras a ganar dinero»

La razón por la que no abandonaba la prostitución es sencilla, el dinero. «Te acostumbras a ganar dinero, me acostumbré a poder enviárselo a mi familia«, realmente, nos dice, «no quería dar marcha atrás». En 20 años le ha dado tiempo a ejercer el oficio en la calle, en pisos, en casas y en otros países. Cuando llegó la crisis económica, en 2008, decidió irse al Barrio Rojo de Amsterdam: «Porque ya no había tantos clientes».

Consiguió algo bastante difícil, una vitrina: «Me costó mucho conseguirla». Las alquilaba por 12 horas y todo lo que le daban los clientes era para ella. «Estuve seis meses sin cotizar en Holanda y cada 15 días regresaba a España. Después decidí irme a La Haya, en esa ciudad conocí a más chicas que me ayudaron en este mundo».

«La gente sabe que ganamos mucho dinero, pero no sabe el coste»

Aunque es muy popular decir que el dinero no lo es todo, para Denisse sí lo fue en su día. Vivió gracias a él con una calidad de vida que no hubiera tenido nunca en su país, nos dice convencida. «He hecho muchos viajes de vacaciones, con mi familia también, mis comidas… he llevado una buena vida», dice, pero continúa… «También tuve que vivir cosas malas. La gente sabe que una prostituta gana dinero, pero no sabe a qué coste». Y eso solo lo sabe quien lo vive.

«Vivimos, pero también malvivimos. Tenemos que soportar muchas cosas». Hoy en día el ejercicio ha bajado considerablemente, una consecuencia directa de la crisis sanitaria que estamos atravesando: «Mis amigas me cuentan que no hay trabajo, no saben qué hacer, no hay clientes».

«No me meto en legalizar o no…»

Le pregunto que si se alegra de que el ejercicio haya bajado mucho: «No es que me alegre, me gustaría que las dejen en paz. Si quieren trabajar por su voluntad que lo hagan porque cada persona tiene sus deudas, sus hijos… y si no que les den recursos». ¿Legalizarías la prostitución?, le digo: «No me meto en legalizar o no. Yo estuve dispuesta a pagar impuestos, pero algunas no quieren que sus familias sepan que son prostitutas. Conozco a gente que les dicen a los hijos que van a limpiar casas y están a las seis de la tarde prostituyéndose porque quieren pagar les quieren pagar los estudios, para que sean enfermeros o médicos».

Además, asegura que si la situación se ilegaliza, estas personas se quedarían más vulnerables «porque se ven obligadas a ir a los pisos y allí hay una cartera de clientes» al igual que mucho más control por parte de los «chulos», de los proxenetas. «He conocido a chicas que sí han llegado engañadas a España, inclusive les han obligado a consumir drogas».

«Si hubiera sido aceptada en un trabajo, no hubiera ejercido la prostitución»

Dennise afirma que si al llegar a España hubiera tenido opción a trabajar en otros sectores, «no hubiera ejercido la prostitución». Pero la vida le llevó por otros derroteros que le terminaron enganchando, hasta que un día quiso ponerlos punto y final. «Después de 20 años decidí dejarlo», se cansó. «Estaba cansada de recordar todo lo que me había pasado… Tuve mi momento, también viví cosas bonitas, pero los años pasan y ya estaba desesperada».

Así que comenzó a hablar con las asociaciones e In Género y el Centro de la Mujer se cruzaron en su camino. Les explicó que quería dejarlo y que le gustaría hacer cursos de geriatría para poder trabajar en las residencias de mayores. Aún así, nos asegura, que estuvo un año pensando si dejarlo o no, pero un día una trabajadora social le llamó y le ofertó un curso: «Fue una ayuda enorme, buenísima. Te enseñan a hablar, a comportarte, a hacer vídeos, entrevistas, a buscar información…».

In Género, durante la presentación en Toledo de los datos de intervención de prostitución en CLM en 2021. Foto: Rebeca Arango.

In Género, durante la presentación en Toledo de los datos de intervención de prostitución en CLM en 2021. Foto: Rebeca Arango.

Salir de la prostitución sin ayuda es prácticamente imposible 

¿Hubieras podido salir del mundo de la prostitución sin las asociaciones», le cuestiono. «No, sin su ayuda, no», asegura tajante. Después, en 2020 y hasta ahora, empezó a colaborar con In Género y se encarga de asesorar a las prostitutas. La formación, añade «te saca del mundo, del ambiente, conoces otra sociedad y otro tipo de gente». Y, ¿ qué le dirías a alguien que quieres mucho y que te confiesa que quiere ejercer la prostitución?…

Ella toma la postura que un día su amiga tomó con ella: «Que se cuide mucho», pero además le daría consejos. «Ella tiene que decidir qué servicios dar y le diré que ella ni se compra ni se alquila». Además, le instaría a ponerse metas y a guardar dinero y cuando lo consiga «que busque ayuda y salga de ese mundo». También le contaría sus experiencias aunque haya vivido en otra época, dice.

Podéis escuchar gran parte de la entrevista a continuación: 

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