El día 2 de febrero, Sagrario Muñoz, vecina de Gamonal (Toledo) de 64 años, aterrizó en Abu Dabi (capital de Emiratos Árabes Unidos) con gran ilusión porque iba a acompañar a su hija -que reside en el país desde hace diez años-, en uno de los momentos más especiales de su vida: ser madre.
Su nieto nació el pasado día 10, y la vida era completamente normal hasta que todo cambió el sábado día 28, cuando Estados Unidos e Israel atacaron Irán. Estaban en casa y empezaron a escuchar “tiros o algo que no era normal, y ya en la tele vimos que estaban bombardeando Irán”, ha contado esta mujer a ENCLM en una charla por teléfono.
«Caen trozos enorms de misiles»
Poco tiempo después, el gobierno les mandó a los teléfonos móviles varios mensajes vía SMS alertando de que se habían interceptado varios misiles entrando a territorio nacional, aunque fueron derribados por la defensa de Emiratos Árabes. En ese momento se cerró el espacio aéreo, y miles de españoles se quedaron atrapados en este país de Oriente Medio.
A lo largo de la jornada se produjeron momentos similares, el domingo fue más tranquilo, recuerda Sagrario, pero a partir de esa madrugada «se volvió a complicar la cosa. Y lo peor es que caen trozos de misiles que son del tamaño de un coche».
Reconoce que, aunque viven con miedo la situación, en ocasiones, la vida se parece bastante a la normalidad de hace unas semanas. Ellos bajan de vez en cuando a un parque cercano, frente a un campo de golf y a una piscina donde también sigue habiendo gente. «Estamos más asustados los que somos de fuera que los de aquí, porque ellos saben que hay un escudo de seguridad enorme. Dentro de la que está cayendo, la situación la viven bastante normal», cuenta.
El espacio aéreo lleva cortado totalmente durante varios días, explica, pero este martes se reabrió «algo». Aún así, lamenta que «nos está siendo imposible coger vuelo. Tenía uno para este viernes, pero me lo han cancelado».

Sagrario y su familia días antes del inicio de la guerra en Oriente
Se han puesto en contacto con la embajada de España para preguntar, sobre todo, por cómo actuar para salir del país con el bebé recién nacido, que no tiene pasaporte, si la situación se complica aún más. «Nos lo están gestionando por si hay que salir corriendo, y seguimos pendientes a la vez de los vuelos de repatriación. Todo puede cambiar en cualquier momento», dice con resignación, al tiempo que reconoce que «no está habiendo problemas con nuestra embajada”.
Preguntada por su estado emocional, reflexiona. «Claro que te entra miedo. Porque ves los misiles perfectamente moviéndose por el cielo. Pero en parte prefiero estar aquí, porque veo a mi familia y veo que está bien. Si estuviera en España estaría todo el tiempo pensando en ellos», dice apenada Sagrario.
