Vanesa, una joven francesa con raíces conquenses, es una de tantas personas que han optado por irse a vivir a un pueblo para vivir y trabajar, ganando en calidad de vida y ayudando a combatir la despoblación.
Así, la localidad de Santa Cruz de Moya (Cuenca) se convirtió en el lugar ideal para levantar un proyecto que aúna un oficio tradicional y las herramientas digitales: Bakubag Artesanía.
En compañía de su marido Rafael, juntos ha hecho realidad en este pequeño municipio un taller donde trabajan el cuero para crear bolsos, cinturones y todo tipo de piezas artesanales personalizadas, bajo encargo, con apoyo de impresoras 3D y cortadoras láser.
En Bakubag Artesanía realizan piezas a mano, con encargos a medida, procurando que el material y el diseño transfieran historias del territorio.
Vanesa y Rafael trabajan el cuero de manera artesanal pero con el apoyo de la red: venden por internet, emplean maquinaria digital para series cortas y personalizaciones y recurren a la conectividad para llevar su proyecto más allá del ámbito local viviendo en el pueblo, ya que cuentan con fibra y una buena conexión.
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El vínculo de la pareja con Santa Cruz de Moya
Padres de dos niños, de 7 y 16 años, muy bien integrados en el medio, el vínculo de la pareja con Santa Cruz de Moya procede de Rafael, que con cierto dejo francés (él nació en Francia) cuenta que su familia, desde hace varias generaciones, era de este pueblo conquense. Por parte de Vanesa, dice que sus tíos se compraron una casa en el pueblo hace 50 años y a ella la llevaban a Santa Cruz de Moya desde que era pequeña, sobre todo a pasar los veranos.
Vanesa conoció a Rafael de niña en el pueblo, a quien ya era su novio de verano en Santa Cruz de Moya; con el paso del tiempo la relación se confirmó. Lo cierto es que han vuelto a sus raíces, «donde empezó todo», dice ella.
«La idea es aportar algo y dar a conocer el pueblo, poniendo en contexto tanto el cuero como el hecho de hacerlo aquí», afirma Rafael, quien añade que Internet «hace muy factible vivir en los pueblos».
Y concluye: «No es que haya empleo en los pueblos, es que uno puede aportarlo trabajando en ellos».

