El de Cándido Hormigos Carrasquilla es un ejemplo inmejorable de que la mejor manera de afrontar la vejez es estando activo. En su caso, muy activo. Cándido es un vecino de El Carpio de Tajo (Toledo) que el próximo mes de septiembre cumplirá 97 años, nada menos. ¿Y qué no para de hacer a su edad sin descanso? Sus objetos artesanos.
Un «manitas»
Porque es un «manitas«, ya desde pequeño, como revela su única hija, Kika, con la que vive. Desde pequeño trabaja sobre todo el esparto, haciendo cestos de ropa, esportillos... Y escobas, a la antigua usanza. Sus trabajos están repartidos por todo el pueblo y más allá del mismo, ya que obviamente sus vecinos, en todos estos años, han salido de El Carpio de Tajo por variados motivos.
Su nieta Natalia colabora con él haciendo bordados para los esportillos, de tal manera que quedan unos complementos muy aparentes y prácticos, sobre todo para este hombre que a sus 96 años procura hacer una vida de lo más activa posible. Cuenta Kika que se «levanta pronto, ya que duerme poco, y sale a ordeñar». En la casa de su hija tiene habilitado un «taller» donde Cándido sigue elaborando sus creaciones, sus escobas y sus objetos de esparto.
Le traen el esparto ya machacado
«Después va a misa y ahora no sale por el calor. La tele no le divierte, solo los toros, y por ellos (ya que CMM los retransmite), nos quedamos sin ver las películas», comenta Kika, quien admite que últimamente hace menos escobas ya que los materiales hay que recogerlos al campo. De esta última tarea se encarga «un chico al que Cándido ha enseñado, que vive en Burujón, y que acude a los mercados para traerle el esparto ya machacado», explica Kika.
«Lleva haciendo manualidades toda la vida y a su edad sigue haciendo cosas», revela su hija, que no ha heredado la habilidad artesanal de su padre, quien no obstante le ha enseñado todo lo que ella sabe de cocina. Así que Candido no solo es un «manitas», sino también un «cocinillas».
La profesión de Cándido no ha sido propiamente la de artesano, sino que ha sido pastor ganadero en su pueblo.
Y a la pregunta tópica de cómo Cándido ha logrado acercarse a los 100 años, a su hija se le ocurre responder que su padre sufre parkinson pero solo se toma una pastilla, recomendada por su médica de cabecera; no toma pastillas para la tensión ni ninguna otra cosa. Come de todo.
Y las escobas de toda la vida, le salen de miedo. A sus casi 97.
