Agustín Yanel
La cortesía parlamentaria, el respeto y buenas formas que mostraron los diputados y senadores durante la reciente visita del papa León XIV al Congreso, cuando escucharon su discurso de 30 minutos en absoluto silencio, solo duró esa media hora. Poco después de que el pontífice se marchara volvió a instalarse en esa Cámara la bronca, las salidas de tono, las acusaciones a veces sin fundamento, las descalificaciones al adversario e incluso algún insulto. Lo que se vive a diario ahí, vaya. La última algarabía la han montado parlamentarios del Partido Popular el 17 de junio, durante la sesión de control al Gobierno.
Dos segundos de tiempo apenas son suficientes para decir una frase, pero a los diputados del PP les han servido como excusa para montar uno de sus frecuentas alborotos en las sesiones del pleno. Mucha bulla, con gritos desde los escaños y con insultos a la presidenta de la Cámara Baja, Francina Armengol: «¡Tramposa! ¡Es usted una cobarde!», dijo la portavoz del grupo parlamentario del PP, Ester Muñoz, dirigiéndose a ella.
La bronca y la crispación como estrategia política
Cuando Alberto Núñez Feijóo decidió que Ester Muñoz sustituyera a Miguel Tellado como portavoz del grupo parlamentario popular, en su partido deberían haberle dicho que plantee sus legítimas críticas con un mínimo de educación. Podrían haberle advertido de que los numeritos que, ellos u otros grupos, montan cada miércoles en la sesión de control al Gobierno son aplaudidos por sus seguidores, sí, pero aumentan la decepción de buena parte de la ciudadanía con la clase política. Pero nadie se lo dijo porque, como se ve semana tras semana, hace tiempo que el PP incluye la bronca y la crispación permanente en su estrategia de oposición. Y es el partido que aspira a gobernar España.
Que quede bien claro que el PP no es el único partido que se comporta de esa manera en el Congreso, pero su bancada, junto a la de Vox, es de las que más broncas y ruido montan. En esta ocasión, la excusa han sido dos segundos.
Núñez Feijóo había registrado esta pregunta para el presidente del Gobierno: «¿Cuánto tiempo más va a mantener esta situación de degradación política?». En las sesiones de control, los diputados disponen de dos minutos y medio para preguntar, divididos en dos intervenciones, lo mismo que el presidente o ministro que les contesta. Cada cual puede utilizar ese tiempo como considere: los hay que formulan la pregunta exacta en unos segundos y dejan el resto del tiempo para explayarse en su segunda intervención; otros distribuyen sus palabras entre los dos tiempos; algunos utilizan gran parte de su tiempo la primera vez que hablan y dejan menos para la segunda. Y a veces, si no calculan bien, prácticamente agotan todo su tiempo en la primera intervención. Esto es lo que le ocurrió a Feijóo el miércoles.
Pedro Sánchez le respondió y, cuando concluyó, la presidenta dio paso a la siguiente pregunta. Entonces, desde la bancada del PP empezaron a gritar y hacer ruido, porque la pantalla que refleja el tiempo de cada intervención indicaba que Feijóo disponía aún de dos segundos para agotar su tiempo. No es la primera vez que le ocurre esto a algún diputado, y no pasa nada: no emplea uno o dos segundos finales y se pasa a la siguiente pregunta.
Presidenta: «¿Pueden estar en silencio»? Diputado del PP: «¡No, claro que no!»
«¡Dos segundos, quedan dos segundos!», gritaron la portavoz Ester Muñoz, su antecesor y actual secretario general del partido, Miguel Tellado, Jaime de Olano y otros diputados, mientras lo indicaban con dos dedos de sus manos. «Señores diputados, por favor, un poco de silencio. ¿Pueden guardar un poco de respeto y estar en silencio?», pidió Francina Armengol. El diputado De Olano le respondió: «¡No, claro que no!».
La presidenta dio paso a la pregunta que iba a hacer la portavoz del PNV, Maribel Vaquero, pero la bancada del PP continuó con su alboroto. «¡Qué vergüenza!», gritó un diputado. «¡Tramposa! ¡Es usted una cobarde!», dijo la portavoz Ester Muñoz.
Este episodio parlamentario no es un hecho de gravedad en la situación actual de la vida política en España, desde luego. Pero conviene comentarlo porque refleja el ambiente casi irrespirable, la permanente crispación y la bronca por la bronca que muchos políticos -no todos, eso sí- practican a diario por sus intereses partidarios.
Hace tiempo que una ciudadana, una jubilada de la enseñanza, inició una campaña de recogida de firmas en la plataforma change.org, con el título Basta de insultos y violencia verbal en el Congreso ¡Tomen medidas ya!, y ha recogido 85.000. Tras los siete minutos de aplausos que los parlamentarios dedicaron al discurso de León XIV, ella escribió: «Aplauden, luego están de acuerdo: pero no lo van a hacer». Lamentablemente, tiene toda la razón y así ha ocurrido nada más salir el papa del Congreso.