domingo, 8 de noviembre de 2026
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Por falta de floración, enfermedades y depredadores - 08/11/2026 10:50 | Actualizado a 08/11/2026 10:51 - Toledo

La apicultura de Castilla-La Mancha atraviesa uno de sus momentos más difíciles. La campaña de 2026 está dejando pérdidas de producción de miel de entre el 50 % y el 60 % en la región, una situación que está poniendo contra las cuerdas a numerosas explotaciones familiares y profesionales, incapaces de hacer frente a unos costes cada vez más elevados.

Así lo advierte la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), que ha calificado de “desastrosa” la campaña apícola en buena parte de España y ha reclamado a las administraciones medidas extraordinarias para evitar que continúe desapareciendo tejido productivo.


Desaparición de explotaciones en Castilla-La Mancha

En Castilla-La Mancha, las consecuencias ya se están dejando notar. Según los datos trasladados por el sector, cada año desaparecen dos o tres explotaciones apícolas profesionales en asociaciones de tamaño medio, debido principalmente a la falta de rentabilidad.

Una situación que también afecta a los productores de dimensiones intermedias, algunos de los cuales se ven obligados a buscar un segundo empleo para mantener sus colmenares.

Una caída de hasta el 60 por ciento

El diagnóstico elaborado por UPA en ocho territorios españoles sitúa a Castilla-La Mancha entre las comunidades más perjudicadas por el desplome de la producción.

Mientras que en las zonas más afectadas de Andalucía las pérdidas alcanzan entre el 50 % y el 80 %, en Castilla-La Mancha se sitúan entre el 50 % y el 60 %, cifras similares a las registradas en Aragón y Castilla y León.

A esta reducción de las cosechas se suma otro problema especialmente preocupante: la mortalidad de las colmenas, que oscila entre el 20 % y el 35 % en buena parte de los territorios analizados.

Acumulación de dificultades

La organización agraria advierte de que no se trata únicamente de una mala campaña, sino de una acumulación de dificultades que amenaza la continuidad de explotaciones que llevan años soportando márgenes económicos cada vez más reducidos.

“Estamos ante un problema de supervivencia de la apicultura familiar. No podemos resignarnos a que quienes llevan toda una vida cuidando sus colmenas y produciendo alimentos de calidad tengan que abandonar porque los números ya no salen”, señalan desde UPA.

Menos flores, más gastos y colmenas debilitadas

La falta de floración, los episodios de sequía, las altas temperaturas y las condiciones meteorológicas adversas están teniendo un impacto directo sobre la actividad apícola.

La escasez de néctar y polen reduce las posibilidades de producción y obliga a los apicultores a recurrir durante periodos prolongados a la alimentación suplementaria de las abejas, incrementando considerablemente los gastos de mantenimiento.

Encarecimiento del gasóleo

A ello se suma el encarecimiento del gasóleo, los materiales, los equipos y el transporte, especialmente importante para los profesionales trashumantes que necesitan desplazar sus colmenas en busca de floraciones.

El resultado es una situación económica cada vez más complicada: los apicultores producen menos miel, pero necesitan invertir más dinero para mantener vivas y productivas sus colmenas.

Las enfermedades también agravan el problema. UPA advierte de la incidencia de la varroa, un parásito que afecta a las abejas y cuyos efectos se intensifican cuando las colonias se encuentran debilitadas por la falta de alimento. Además, algunos tratamientos sanitarios tradicionales están perdiendo eficacia en determinadas zonas.

Los depredadores añaden presión sobre los colmenares

Otro de los factores que preocupa al sector es la creciente presión de determinadas especies depredadoras.

Entre ellas figura el abejaruco, cuya presencia puede dificultar la actividad de recolección de néctar de las abejas y la fecundación de las reinas.

También preocupa la expansión del avispón oriental y de la avispa asiática, especies que están ocasionando importantes problemas en distintos territorios españoles.

UPA considera imprescindible reforzar la investigación, mejorar los mecanismos de prevención y establecer actuaciones coordinadas entre administraciones para reducir los daños que estas amenazas provocan en las explotaciones.

UPA exige ayudas urgentes para evitar más cierres

Ante este escenario, la organización agraria reclama un paquete de medidas extraordinarias que permita garantizar la continuidad de las explotaciones familiares, especialmente las pequeñas y medianas.

Entre sus principales reivindicaciones destacan las ayudas directas para compensar las pérdidas de producción y la mortalidad de colmenas, así como la incorporación de una ayuda específica por colmena en la futura Política Agraria Común (PAC).

UPA también solicita que los apicultores puedan acceder al gasóleo profesional y a las ayudas que recibe el conjunto del sector agrario y ganadero, una reivindicación especialmente importante para quienes practican la trashumancia.

La organización denuncia que estos profesionales quedan excluidos de determinadas bonificaciones y líneas de apoyo, pese a soportar importantes gastos de desplazamiento y mantenimiento.

Otras propuestas pasan por reforzar las ayudas destinadas a la alimentación suplementaria, adaptar los seguros agrarios a los nuevos riesgos climáticos y sanitarios, apoyar la modernización de las explotaciones e impulsar medidas que favorezcan el relevo generacional.

Este último aspecto resulta especialmente relevante en Castilla-La Mancha, donde la pérdida progresiva de explotaciones profesionales amenaza la continuidad de una actividad tradicional vinculada al medio rural.

La competencia de la miel importada, otro obstáculo

A los problemas productivos y económicos se añade la competencia de mieles procedentes de terceros países que llegan al mercado a precios muy inferiores a los que pueden asumir numerosos productores españoles, lamentan desde UPA.

Por ello, desde la organización reclaman mayor transparencia comercial, controles más estrictos y un etiquetado de origen claro que permita a los consumidores identificar la procedencia de la miel que adquieren.

La organización considera fundamental garantizar unas condiciones de competencia justas para evitar que los productores nacionales continúen perdiendo rentabilidad frente a las importaciones de bajo precio.

Una actividad esencial para los pueblos y la biodiversidad

Más allá de las pérdidas económicas, UPA recuerda que la desaparición de explotaciones apícolas tendría consecuencias directas sobre el medio ambiente y la actividad rural de Castilla-La Mancha.

Las abejas desempeñan una función esencial en la polinización, contribuyen al mantenimiento de la biodiversidad y favorecen el equilibrio de los ecosistemas. Al mismo tiempo, la apicultura genera actividad económica y ayuda a mantener población en las zonas rurales.

Antonio Gómez Olmos
Antonio Gómez Olmos

Redactor de temas agro. Madrileño de nacimiento y formación y manchego de adopción. Es en Castilla-La Mancha donde, a principios de este siglo, se especializó en información del sector primario

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