El toque manual de campanas en España está declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco desde el año 2022. Históricamente se identificaba como una labor de hombres pero, aunque no existe un registro oficial que detalle el número de campaneras, en nuestro país son muchas las mujeres que mantienen la tradición del toque de campanas manual.
Ana Barba es la quinta generación de campaneros en su familia, que comenzó hace 200 años con su bisabuelo, quien después pasaría el testigo a su hija y su nuera para más tarde encargarse de este oficio el padre de nuestra protagonista, en el municipio albaceteño de Yeste.
“Es un orgullo. Cogí el testigo hace once años con mucha ilusión”, nos destaca Ana Barba.
La primera parte de la Iglesia de la Asunción de Yeste comenzó a construirse a finales del siglo XV, ampliándose durante el siglo XVI la segunda parte y dando lugar a una planta en forma de cruz, exhibiendo una mezcla de estilos gótico y renacentista, tal y como señala Turismo en Castilla-La Mancha. La torre del campanario se eleva sobre el conjunto arquitectónico, albergando cuatro campanas, curiosamente con nombre de mujer, que son parte del legado cultural.
Ana nos explica que “María es la campana más grande, pesa de 1.200 a 1.500 kilos, que se toca con el pie y da al Ayuntamiento y al patrón San Bartolomé. Gloria a la entrada del pueblo, al barrio del Cabezuelo. Juana da al barrio de la Villa, que le dicen el del Infierno. Y por último, Isabel que da al río Segura que desemboca en la Fuensanta. Son cuatro campanas situadas estratégicamente para que se oigan por todo el pueblo pero como no tienen el suficiente mantenimiento y no se escuchan bien, antes era otra cosa”.
Normalmente, Ana Barba tan solo toca las campanas un día al año, el último fin de semana de octubre, en la Feria de Tradiciones de Yeste vestida de serrana, la indumentaria tradicional de las zonas de la sierra de Albacete. “Cada pueblo tiene sus diferentes toques de campana, pero en mi caso toco cinco: boda, bautizo, entierro pobre y rico, y arrebato, que es el toque de alarma para alertar a los vecinos, por ejemplo de un fuego”, nos detalla.
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La campanera es parte esencial en la preservación del Patrimonio Inmaterial de Yeste, pero reconoce que cada vez le es más dificultoso ascender a la torre de la Iglesia de la Asunción: “El campanario no está en buenas condiciones y me cuesta muchísimo subir porque se encuentra muy deteriorado. Me encantaría que se restaurara ya que es una pena porque es uno de los campanarios más antiguos de Castilla-La Mancha”.
Además, Ana señala que le resulta “muy costoso” tocar las campanas porque “añadieron unas rejas por las palomas”. Asegura que “las campanas sin el mantenimiento dejarán de sonar porque los badajos se estropean y es una pena”.
Ana Barba desea que no se pierda la tradición del “lenguaje de las campanas” y nos recuerda el poema de Rosalía de Castro:
Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!.
