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miércoles, 10 de agosto de 2022
La bóveda de Santa Catalina. Foto: Ángel Centellas
La bóveda de Santa Catalina. Foto: Ángel Centellas
San Prudencio ha vuelto a abrir al culto tras dos años de reformas - 03 abril 2018

El pasado 17 de marzo la iglesia del convento Jerónimo de Santa Catalina de Talavera, conocida en la ciudad como San Prudencio, volvía a abrir sus puertas al culto después de permanecer 44 años cerrada. Han sido necesarios dos años de obras y más de dos millones de euros de inversión para poner a punto el convento de Santa Catalina, un edificio tan emblemático como soberbio y que ha sido notario del devenir de la historia desde que en 1372 el arzobispo Tenorio fundase el convento.

Al frente de la restauración encargada por la Fundación Aguirre-San Prudencio, propietaria del edificio de la iglesia, ha estado el arquitecto Manuel Urtiaga, quien ponía de manifiesto a este diario las importantes patologías que presentaba el mismo, con grandes fisuras tanto en el exterior como en el interior. Tras la redacción de un proyecto al que ha dedicado tres años y en el que ha prevalecido el respeto a su trazo renacentista, los trabajos arrancaron con estudios arqueológicos, geotécnicos y análisis de materiales y estructuras. Las actuaciones continuaron en el exterior abordando los aspectos estructurales, formales y funcionales, tareas que se acometieron igualmente en el interior para, entre otras muchas cuestiones, mejorar la iluminación, consolidar las estructuras y las cubiertas, rehabilitar piedras y materiales deteriorados, restaurar las campanas…


Marcos Muñoz, arqueólogo responsable de la obra, daba cuenta por su parte de las tareas de limpieza de los cuadros y de algunos hallazgos, como el descubrimiento de dos vanos en el bajo coro, una cripta debajo del altar mayor, pinturas en el coro, siete frescos en la sacristía y estructuras en el presbiterio de la iglesia del siglo XV.

«Lo más destacado ha sido poder estudiar la evolución histórica y constructiva de un complejo tan importante, lo que nos ayuda a comprender el urbanismo medieval de Talavera», comentaba Marcos Muñoz, quien a ello sumaba la puesta en valor de esta joya patrimonial.

Ambos, tanto el arquitecto como el arqueólogo, han visto con gran satisfacción la aceptación que tuvo entre los ciudadanos la inauguración de la iglesia el pasado 22 de marzo, ya que este edificio «forma parte de la idiosincrasia de los talaveranos», comentaba Muñoz.

Exposición “aTempora”, también en Santa Catalina

San Prudencio abre al público no solo para el culto y los oficios religiosos, también para acoger iniciativas culturales. Y lo hará por todo lo alto ya que a partir de septiembre será una de las cuatro sedes de la exposición «aTempora Talavera. Seis mil años de cerámica«, una muestra en la que se reunirán cerca de 1.000 piezas y de las que San Prudencio expondrá las tituladas bajo las secciones «Prehistoria y Prohistoria»; «La cerámica ibérica, romana y visigoda»; «La Edad Media islámica y cristiana»; y «El esplendor de las cerámicas de Talavera y Puente del Arzobispo».

Además del convento de Santa Catalina, las otras tres sedes de «aTempora» serán el Museo Ruiz de Luna, el Centro Cultural «Rafael Morales» y el claustro de la colegiata de Santa María la Mayor «La Colegial». En el primero la exposición estará dedicada a la obra ceramista que da nombre al museo; el segundo expondrá las propuestas de nuevos artistas que trabajan la cerámica; y el tercero acogerá las reproducciones  de los murales cerámicos que hay repartidos por la ciudad y que por sus características y dimensiones no pueden ser trasladados a una sede.

Con huellas de Juan de Herrera, arquitecto de El Escorial

El complejo del convento de Santa Catalina se compone de la iglesia, el claustro, la casa de los canónigos y las actuales dependencias del Museo Etnográfico. Su nombre originario se debe a la devoción que tenía a esta santa el arzobispo Tenorio, su fundador en 1372. Después de que los canónigos de la Colegiata rechazasen residir en él, el arzobispo lo donó en 1398 a los monjes Jerónimos, por lo que también se le conoce como San Jerónimo. Igualmente pasaron por él los Jesuitas, época de la que se conservan algunos cuadros. De los religiosos ha quedado su fama de buenos copistas de libros y de su surtida botica de medicinas. Fue en 1831 cuando se clausuró como convento de frailes jerónimos y pasó a manos privadas, haciéndose cargo –ya en el siglo XX- Jacinto de Aguirre e Ybarzábal y Teresa Jiménez de la Llave, un matrimonio que creó en él un colegio de huérfanos bajo la advocación de San Prudencio, en honor a su hijo fallecido a los siete años. Actualmente alberga el colegio de La Milagrosa.

Desde el punto de vista arquitectónico, su estilo originario, el gótico-mudéjar, se ve ensombrecido por la influencia renacentista. De hecho, de la parte más primitiva solo queda la Puerta del Serafín o Querubín. Entre sus joyas patrimoniales, destaca la escalera volada que da acceso al coro, obra de Guerra (1551); su sacristía de planta octogonal; los grandes contrafuertes que construyó Juan de Herrera, el afamado arquitecto del monasterio de El Escorial; el retablo barroco y los frontones segmentados de gran belleza del altar mayor; el claustro; así como el parecido de la capilla mayor del ábside con el puente de un galeón, simbolizando la iglesia la nave de San Pedro. El aspecto actual de la iglesia es de 1620.

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