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miércoles, 8 de abril de 2026
El Palacio de la Sisla, en 1972. Foto: Archivo Municipal de Toledo.
El Palacio de la Sisla, en 1972. Foto: Archivo Municipal de Toledo.
Databa del siglo XIII - 08/04/2026 19:45 - Toledo

Que Toledo es una ciudad llena de historia nadie puede ponerlo en duda. Una historia milenaria, repleta de recovecos, pasadizos, leyendas. Como la del Palacio de la Sisla, que estaba ubicado en las afueras de la ciudad.

Los primeros documentos en los que aparece el paraje sobre el que fue edificado datan del siglo XIII, escritos que se referían a un ermita dedicada a Santa María de la Cisla, vinculada a la parroquia de Santa Leocadia, en la Vega Baja de Toledo. ‘La Sisla’ aludía a una comarca natural de ese nombre, hoy desaparecida.


La orden de los Jerónimos edificó en 1834 aquí su segundo convento en España. Del palacio salieron obras conservadas aún en el Museo del Prado, así las tablas del Maestro de la Sisla.

Carlos V y Felipe II se plantearon seriamente construir aquí su gran palacio

Es conocido que Carlos V y Felipe II se plantearon seriamente construir aquí su gran palacio de retiro, finalmente ejecutado por el segundo en El Escorial.

Pero en el siglo XIX llegó la decadencia del recinto. Ya en 1835 desapareció el convento, el final de una época convulsa marcada por los incendios, la Guerra de la Independencia y las desamortizaciones.

Con el arranque del siglo XX, la condesa de Arcentales, Consuelo Cubas, levantó un gran palacio aprovechando los restos del monasterio. Era una gran edificación gracias a sus grandes salones y sus vastos jardines diseñados por el mismo decorador del Retiro.

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La suntuosidad del paladio era tal que acogió el rodaje de varias películas, como A buen juez, mejor testigo (1926) y ¡Qué tío más grande! (1935).

Pero llegó la Guerra Civil, cuando fue saqueado y destrozado por tropas de los dos bandos. Tras la guerra, en un estado lamentable, fue empleado como vivienda ocasional.

El final más abrupto llegó en 1975

Con todo, el palacio, ejemplo de resiliencia, se mantuvo en pie hasta 1975, año en el que el Estado expropió el edificio a fin de ampliar el campo de maniobras de la Academia de Infantería de Toledo. Pero su dueño, Álvaro Jofre Soubrier, no aceptó el precio que le ofrecían y decidió volarlo con dinamita tras contratar a un pocero. Solo quedaron escombros, en forma de unos bancos circulares recubiertos de cerámica, decorados con criaturas mitológicas y monstruos alados, realizados por Daniel Zuloaga.

Enclm

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