Vuelve Toledo a sorprender por la vitalidad de su historia, por el vigor de su inagotable patrimonio histórico inasequible al paso del tiempo, para suerte de los toledanos y visitantes que tienen la suerte de disfrutarlo.
La cueva manatial de la ermita de la Virgen del Valle
Así, la ermita de la Virgen del Valle de Toledo esconde bajo su altar una cueva manantial con siglos de historia que ha resistido el paso del tiempo y ha aunado naturaleza y tradición a lo largo de los años.
Sin duda es un enclave natural poco conocido que engrosa el valor patrimonial de la ermita, que todos los años cobra protagonismo con la celebración de la Romería de la Virgen del Valle, una tradición masiva que reúne a miles de personas en la ermita y su entorno y que sin duda es una de las tradiciones más hondas de los toledanos.
La cueva es una gruta natural que tiene un pequeño manantial con agua que fluye y mantiene una capa siempre constante de agua, lo que indica que está en conexión con el nivel freático del agua.
No existe datación oficial del origen de la cueva pero todo apunta a que es muy antigua ya que pudo haber un santuario en el lugar anterior a la edificación de la actual ermita ya que es tradicional en España levantar una ermita o santuario en honor a las vírgenes donde hay una fuente o cavidad con agua.
«Agua milagrosa y sanadora»
Según el tesorero de la Cofradía del Valle, Jacinto García, con el que habló la agencia EFE, el agua siempre ha tenido fama de «milagrosa y sanadora». De hecho hay personas que van a la ermita, de Toledo y de fuera, para pedirle a la santera agua del manantial, que ella recoge con una jarra esterilizada.
El manto de agua conserva siempre mismo nivel, agua que es potable.
La cueva es visitable con permiso previo y motivo justificado
La cueva de la ermita del Valle no es visitable pero la cofradía permite pasar, con permiso previo y un motivo justificado, aunque la entrada es muy angosta y la cueva es muy pequeña.
De la historia de la ermira no hay certezas, solo sospechas, las que apuntan a que en el lugar podría vivir algún ermitaño o santón (que podría hacer milagros y por eso el agua sería curativa) y que posteriormente sobre esa oquedad, esa cueva, se levantó la ermita actual.