Villafranca de los Caballeros (Toledo) guarda uno de los humedales más completos de Castilla-La Mancha. Dos lagunas, dos formas de disfrutar la naturaleza: una pensada para el ocio y el baño, y otra para perderse entre carrizos y aves, que, además, lucen espectaculares, como no se veía desde hacía tres décadas.
Las lagunas Grande y Chica se sitúan al noreste del municipio toledano, muy próximas a la provincia de Ciudad Real, en plena comarca natural de La Mancha. Aunque hoy en día mantienen aguas permanentes, su origen es el de las lagunas estacionales típicas del entorno manchego.
Varios kilómetros de playa en plena Mancha
La grande es la única laguna castellanomanchega con uso recreativo. Sus orillas, con 2,5 kilómetros de playa, son un refrescante oasis en los meses estivales. Centro turístico de recreo de primer orden, cuenta con una importante infraestructura hostelera. Es sin duda la más conocida y visitada. Forma parte de la Red Natura 2000 y es Reserva de la Biosfera, Reserva Natural y Refugio de Fauna.
Es una laguna endorreica, lo que significa que no tiene salida al mar, por lo que el agua llega a través del acuífero 20, el agua de escorrentía, la lluvia y artificialmente desde el rio Gigüela, gracias a una pasarela.
La Laguna Chica está interconectada con la grande. Destaca por su alto valor en fauna y flora, siendo uno de los refugios más importantes de Castilla-La Mancha. Entre su fauna podemos encontrar, entre otros, el pato colorado, el porrón moñudo, la focha común, la malvasía cabeciblanca, el ánade real o el porrón común. En cuanto a su flora, destacan grandes carrizales, enea, taray y limonios.
Un lugar perfecto para avistar aves
En migración y cría pueden observarse especies tan singulares como malvasía cabeciblanca, grulla común, avetorillo, calamón, canastera, fumareles, zampullín cuellinegro y numerosas limícolas.
En los campos que rodean las lagunas también aparecen aves esteparias como la avutarda, el sisón o la ganga común, además de rapaces como el aguilucho lagunero o el halcón peregrino.
La coexistencia de ocio y conservación convierte a este conjunto lagunar en un ejemplo singular dentro de los humedales manchegos, permitiendo disfrutar del agua sin renunciar al respeto por la biodiversidad.
Por cierto, las lagunas presentan este verano niveles de agua que no se veían desde hace casi 30 años, ofreciendo un paisaje ideal para bañistas y amantes de la naturaleza que quieran disfrutar de un entorno único y lleno de vida.
Hace 30 años que no pasaba: las lagunas de Toledo que recuperan su esplendor y parecen un paraíso
