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lunes, 6 de febrero de 2023
Pablo Corrales, besando la bandera de España.
Pablo Corrales, besando la bandera de España. Foto - Pablo Corrales Aragón
Por problemas en el corazón - 11 noviembre 2018 - Toledo

Pablo Corrales, un toledano de toda la vida, ha fallecido esta mañana de domingo, 11 de noviembre, en el hospital Virgen de la Salud, en Toledo, donde llevaba ingresado desde hace aproximadamente unos 15 días por problemas en el corazón.

Corrales se ha ido joven, a los 74 años, y quien mejor para definirle que su propio hijo, Pablo Corrales Aragón, quien en las redes sociales escribió pocas horas antes de morir lo siguiente:


«Se apaga un hombre bueno», su hijo despide a Pablo Corrales

«Se apaga un hombre bueno. Al final le falla el que le hizo tan grande: su corazón. No he conocido a nadie tan valiente, tan fuerte, tan noble, tan leal, tan honrado… Tampoco tan cabezota. Se va mi padre. Se va un hombre muy bueno. Y lo hace dejando una familia orgullosa de él».

«Nos quedamos sin un espejo en el que mirarnos para seguir aprendiendo pero con la tranquilidad de saber (en realidad, cuantos le conocen lo saben) que ha vivido todos sus 74 años como ha querido, siendo sencillamente aquel Pablito (aún hay vecinos que le siguen llamando asi), que nació en las Carreras de San Sebastián y se crió a orillas de su río, ayudando a cuantos pudo y dando hasta lo que no tenía para que ellos estuvieran mejor».

Pablo Corrales era un toledano muy activo y parecía que siempre estaba presente allí donde había que estar. Trabajó muchos años en la Notaría de Zocodover e incluso fue concejal por Alianza Popular en el Ayuntamiento de Toledo hace ya décadas.

Ya jubilado, seguía siempre preocupado por los temas que afectaban directamente a Toledo. A Pablo Corrales no solo le conocía casi toda su ciudad, es que además se hizo querer muchísimo porque siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás. No le dolían prendas, desde luego.

Como ha escrito su hijo Pablo…

«Se va mi padre y se va demasiado pronto (no sé si por su cabezonería o porque al Altísimo le hace falta un «tío» como él para poner orden allí donde haga falta).

Demasiado pronto, pues deja a sus nietos con la lección a medias (padre, sé que no estaremos a tu altura; solo espero poder continuarte de la mejor forma posible, siempre como sustituto y sin pretender empatarte).

No te olvidaremos nunca, amigo. Cuídanos mucho dessde allí arriba y da besos a todos los que te están esperando. A todos ellos les vas a dar una enorme alegría; a nosotros no tanto, «jodío» (aunque nos alegramos por ello).

Solo te voy a pedir una última cosa: no le lleves la contraria al de allí arriba, pues Él sí es Dios.

Te quiero mucho, padre.

Te queremos mucho, amigo».

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