Anuario Enclm 2019 / Sucesos

Así fue 2019… Historias emocionantes de policías que salvan vidas

Jana, Pablo, Enrique y Alberto son policías nacionales, trabajan en Toledo y salvaron tres vidas en apenas tres meses. Relataron en primera persona a encastillalamancha.es qué fue lo que sucedió. Igual que Jorge Fernández, policía local de Nambroca (Toledo), quien también tiene un brillante currículo ayudando a los demás. Son ejemplos, he aquí sus brillantes intervenciones…

Jana, Pablo, Alberto y Enrique, policías nacionales en Toledo. Salvaron tres vidas en apenas dos meses. ¡Qué grandes! Foto - Rebeca Arango

Ángeles de la guardia. Siempre están ahí cuando se les necesita, incluso cuando no. Son historias de policías (nacionales y locales) que les contamos durante 2019 en encastillalamancha.es. Testimonios en primera persona que te erizaban la piel. Va por ellos…

«Aquí lo del miedo no existe», los policias nacionales que salvaron tres vidas en dos meses

«Aquí lo del miedo no existe y el trabajo en equipo es fundamental». Son las dos premisas fundamentales de un grupo de policías que forman parte de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) de la Jefatura Superior de Policía de Castilla-La Mancha y que en apenas dos meses salvaron las vidas de tres personas en la ciudad de Toledo que, por unas causas u otras, se encontraban al límite. En febrero hablamos con los cuatro agentes (Jana -natural de Algeciras-, Pablo -de Toledo-, Enrique -de Gijón- y Alberto -de Chozas de Canales-) y nos contaron las situaciones que vivieron…

La primera, cuando fueron alertados por el 091 de que una mujer se encontraba boca arriba y flotando en el río Tajo entre los puentes de Azarquiel y Alcántara. «Metimos el coche por el sendero que va en paralelo a la orilla del río» y Enrique, sujetado con una cuerda por sus compañeros, se tiró con botas y todo al agua. Tras nadar unos 20 metros, llegó a su altura, «estaba inmóvil, pero cuando intenté darle la vuelta ella reaccionó. Ahí intento sacarla rápido porque la fuerza del agua era mucho más desbordante de lo que en principio imaginábamos. Hasta que conseguí llevarla a la orilla».

Apenas tres días después, en plena plaza de Zocodover, fueron testigos de cómo un hombre, de repente, «se desplomó y su hija comenzó a pedir auxilio», recuerda Pablo. Fue entonces cuando él y Jana fueron a socorrerle. «Tenía la lengua metida hacia atrás y no podía respirar -señala Jana-, se estaba poniendo morado, por lo que metí la mano en la boca y le saqué la lengua. Había sufrido un ataque al corazón, no tenía pulso, y entre mi compañero y yo nos turnábamos cada minuto y medio para hacerles las prácticas de reanimación».

En casos como este, los cuatro primeros minutos son vitales. Consiguieron que recobrara el pulso y, sin duda, le salvaron la vida. De inmediato se hicieron cargo del paciente los servicios sanitarios, a quienes los mismos agentes habían avisado justo antes de comenzar a reanimarle.

El tercero y último de los casos en los que la intervención de los cuatro fue vital tuvo lugar el 10 de enero, cuando una mujer envió un guasap a una amiga en el que le decía que se quería quitar la vida porque estaba muy mal y que se había tomado un número indeterminado de pastillas, por lo que la amiga lo puso de inmediato en conocimiento de la Policía. Lo único que sabían era que se encontraba en el interior de su coche y que este podía estar por la estación de autobuses…

De allí al párking de Safont. Buscaban un modelo de coche concreto y en un momento determinado, Jana vio el coche que buscaban y, dentro, «el cuerpo tumbado boca abajo. Las puertas estaban cerradas y comencé a darle golpes en la ventanilla para ver si ella reaccionaba, pero no se movía. Como se suponía que había ingerido pastillas y ya había transcurrido un tiempo desde el aviso, rompí el cristal de la ventanilla con la defensa para acceder al coche. Estaba inconsciente, pero tenía pulso y respiraba. En ese momento llegó la ambulancia, la metimos en una camilla y localizamos la nota de despedida que había escrito…».

Y el policía local de Nambroca que ya ha salvado varias vidas»

No se lo pensó dos veces. Tenía claro que el tiempo era vital y cabeza y corazón latieron al mismo tiempo impulsados por su sentido del deber… Sucedió en Nambroca, una localidad muy próxima a Toledo, cuando el 15 de enero un hombre de 70 años, desvalido y tirado en el suelo de su vivienda, clamaba auxilio a gritos…

Minutos antes, dos miembros del servicio de Ayuda a Domicilio del ayuntamiento de la localidad iban a ver a uno de sus vecinos, quien responde a las iniciales E.G.M., pero se percataron de que no abría la puerta cuando llamaron al timbre y a los pocos segundos escucharon unos gritos que procedían del interior, por lo que solicitaron la presencia, a través del 112, de la Policía Local, los Bomberos y el personal sanitario.

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Jorge Martínez, policía local de Nambroca (Toledo), ya ha salvado varias vidas a lo largo de su carrera profesional.

 

A esa llamada de auxilio en el número 44 de la calle Arapiles acudió de inmediato Jorge Martínez Gómez, de 40 años, policía local de Nambroca y toledano de nacimiento… «No, no me lo pensé ni un minuto, es cierto. Luego en frío reflexiono y… Pero es que tengo la esencia de policía y sabía que era lo que tenía que hacer». Así narró su actuación a encastillalamancha.es.

Primero trepó por la valla perimetral de unos tres metros de altura para acceder a la parcela de la vivienda, pero aún faltaba entrar a la casa. A través de una ventana de una habitación osbservó al anciano, tumbado en el suelo de costado y gritando, por lo procedió a revisar todas las puertas y ventanas por si alguna estuviera abierta. Pero no… De ahí que intentara acceder a través de una puerta introduciendo una tarjeta por el método del resbalón, pero tampoco…

«Mi única opción era saltar a una ventana que estaba cerrada y con la persiana bajada, y lo hice. La tuve que abrir con un golpe seco que di con el hombro, pero me caí al interior y me rompí la chaqueta del uniforme». Pero, por fortuna, no sufrió ningún daño.

Una vez dentro, auxilió al señor y facilitó la entrada al domicilio de los servicios sanitarios, quienes le trasladaron de inmediato al hospital Virgen de la Salud, en Toledo…

Un «héroe» que no era la primera vez que lo hacía…

Porque nuestro protagonista había salvado la vida, literalmente, a un hombre en Gandía (Valencia) en verano de 2018. Llegó a la costa en la conocida como Operación Verano, donde agentes de la Guardia Civil, de la Policía Nacional y de la Policía Local van durante unos meses para reforzar la seguridad ciudadana previa petición y concesión.

«Un día vi a un hombre de 45 años tumbado en el suelo que no podía respirar, le faltaba el aire y ya estaba inconsciente. Había sufrido un desvanecimiento en plena calle y comenzó a ponerse morado. Por lo que rápidamente le realicé un masaje cardíaco y recuperó el pulso».

Este mismo año ha recibido, en Gandía, la medalla al mérito policial.