Con la llegada del otoño también llega a los montes de Castilla-La Mancha uno de sus sonidos más reconocibles: la berrea del ciervo, que este año podría hacerse esperar algo más de lo habitual por unas temperaturas que continúan siendo especialmente altas. Es también el momento en el que estos animales vuelven a acaparar miradas, aunque hay una parte de su ciclo mucho menos conocida que ocurre meses después: la caída natural de sus cornamentas, conocida como desmogue.
Es precisamente ese material, recogido sin necesidad de abatir al animal, el que utiliza Magda Rojo, natural de Moral de Calatrava, para dar forma a Montagne Atelier, una firma de diseño e iluminación nacida en Ciudad Real que convierte esas astas en lámparas hechas a mano.
La idea surgió casi por casualidad. Magda quería utilizar una cornamenta como elemento decorativo para una lámpara, pero tenía claro precisamente lo que no quería hacer: la clásica pieza asociada a una casa de campo, un pabellón de caza o una decoración rústica.
Su casa no tenía nada que ver con ese estilo y ahí apareció el reto. ¿Era posible coger un material tan ligado tradicionalmente al campo y a la caza y hacerlo encajar en una vivienda moderna?

Lámpara integrada en una vivienda
Empezó entonces a probar posiciones, formas y combinaciones. Colocó las astas, buscó su equilibrio, incorporó el cableado, el portalámparas y la pantalla y terminó colocando aquella primera lámpara en su propia casa.
«Me encanta el campo, la naturaleza, la decoración y, sobre todo, las cosas bien hechas», explica Magda. La enseñó a amigos y conocidos. Y empezaron a llegar las preguntas sobre dónde la había comprado y si podía hacer otra.
«Yo quiero una»
Aquella petición empezó a repetirse. Magda hizo algunas piezas para la finca de sus suegros, donde suelen reunirse con familiares y amigos. Allí surgió también la idea de crear lámparas sin cable para utilizar en el exterior, sobre una mesa o como pequeños puntos de luz.
El verdadero salto llegó después de visitar una gran finca de la provincia de Ciudad Real. Allí vio que podía disponer de suficientes cornamentas como para plantearse seriamente un proyecto que, hasta entonces, había ido creciendo casi de boca en boca.

Una de las lámparas creadas por Montagne Atelier
Fue entonces cuando comenzó a cuidar cada detalle del proceso: cableado, herrajes, cadenas, portalámparas y pantallas realizadas a medida, buscando unos acabados que alejaran las piezas de la imagen tradicional de la cornamenta.
Ese trabajo ha cristalizado ahora en su primera colección, presentada públicamente durante FERCATUR, donde, según explica su impulsora, las lámparas despertaron numerosas preguntas y curiosidad entre los visitantes.
No hay dos iguales
Hay además una particularidad que condiciona todo el proceso: ninguna cornamenta es exactamente igual a otra. Cada asta tiene un tamaño, una inclinación y unas puntas diferentes, por lo que cada lámpara obliga a buscar una composición propia.
No se trata, por tanto, de reproducir una misma pieza en serie. Aunque existan modelos similares, cada lámpara termina teniendo sus propias diferencias.

Una de las lámparas integradas en una vivienda
Montagne Atelier busca ahora abrirse camino en viviendas particulares, pero también en hoteles, restaurantes y proyectos de interiorismo, donde la firma cree que estas piezas pueden encontrar recorrido.
El proyecto acaba de empezar, pero aquella primera lámpara hecha para casa ya ha dado lugar a una colección completa y a una marca que busca transformar una materia natural profundamente ligada al campo en piezas de diseño contemporáneo
