«La emergencia continúa tras la extinción de las llamas: es necesario abordar de forma simultánea la extinción y la estabilización de las zonas afectadas», avisa Greenpeace. En el peor año de incendios tanto en España como en Castilla-La Mancha, con cientos de miles de hectáreas quemadas, la permanencia de las cenizas allí donde no hayan sido retiradas son un factor de riesgo para la salud. Y es que cuando empiecen las lluvias estas partículas depositadas aún en el terreno quemado se filtrarán a la tierra y llegarán a los cauces de ríos y arroyo, contaminando suelos y agua.
«Las lluvias posteriores a los incendios arrastran cenizas, sedimentos, metales y otros contaminantes hacia ríos, embalses y acuíferos, comprometiendo la calidad del agua e incluso la salud de las personas», ha alertado Greenpeace en un comunicado hecho público hoy.
Salvar el agua y el suelo de los procesos erosivos
Explica que «es en las primeras semanas tras un incendio cuando se concentra el mayor riesgo, por lo que las medidas para la retención de sedimentos y prevención de la erosión de los suelos deben ejecutarse ya». En este sentido pide a las administraciones actuar ya si no lo han hecho sobre los restos quemados.
«Es necesario salvar el agua y el suelo de los procesos erosivos, y hay que evitar que las cicatrices del fuego generen más impactos a la población y a la biodiversidad. Sobre todo, ante incendios cada vez más grandes y severos», insisten.
Greenpeace: «Es en las primeras semanas tras un incendio cuando se concentra el mayor riesgo, por lo que las medidas para la retención de sedimentos y prevención de la erosión de los suelos deben ejecutarse ya»
En España van más de 300.000 hectáreas quemadas y en Castilla-La Mancha, solo el incendio de La Mierla, en la provincia de Guadalajara, arrasó 32.000. Hay huellas y sedimentos de la destrucción del fuego por casi cualquier rincón de la geografía.
Las tormentas de verano y sus consecuencias han llevado a Greenpeace a alertar a la opinión pública sobre esta situación postincendios. «Estos días se han producido tormentas en algunas regiones del país y, ante la posible llegada de lluvias a las zonas donde han tenido lugar los peores incendios, Greenpeace pide a los municipios afectados que comiencen, ya mismo, a planificar actuaciones de emergencia para el control de la erosión y el arrastre de cenizas derivadas de los grandes incendios forestales», afirman.
«Los 44 grandes incendios forestales registrados en lo que va de año han dejado mucho más que una cifra, han dejado récords que constatan la evolución de los incendios a episodios de alta intensidad debido al cambio climático, tal y como lleva advirtiendo la comunidad científica desde hace décadas: el mayor incendio de la historia de España, en Burgohondo (Ávila), con 39.570 hectáreas afectadas; el incendio más mortífero de la historia, en Gallardos (Almería), con 13 personas fallecidas; el mayor incendio registrado en Andalucía, con 40.100 hectáreas; el mayor de Castilla-La Mancha, con 32.100 hectáreas; el mayor incendio de la historia de la Comunidad de Madrid, con más de 25.000 hectáreas, y el segundo incendio más grande registrado en Aragón, con 18.000 hectáreas afectadas», repasa la organización ecologista internacional.
Qué propone Greenpeace para frenar la erosión
«La FAO estima que formar apenas 2–3 cm de suelo fértil puede requerir hasta 1.000 años, mientras que su pérdida por erosión puede producirse en muy poco tiempo»,advierte la experta de Greenpeace.
- Entre las medidas de estabilización de emergencia destacan aquellas centradas en laderas y zonas de fuerte pendiente. Estas actuaciones deben priorizar la instalación de acolchados (mulching) y otras estructuras de retención, como fajinas, diques y barreras con troncos y ramas, correctamente diseñadas para frenar los arrastres de sedimentos.
- Protección puntual de cauces, drenajes y obras de paso para evitar colmataciones, así como con el control de procesos erosivos concentrados, como regueros, cárcavas o pequeños deslizamientos.
- Existe un amplio consenso científico en que el mulching constituye una de las medidas de emergencia posincendio más eficaces para conservar el suelo, ya que reduce significativamente la erosión y la escorrentía, mejora la infiltración y acelera la recuperación funcional del ecosistema, especialmente durante el primer año tras el incendio, cuando el riesgo de pérdida irreversible de suelo es máximo.
Evitar crisis de erosión, desertificación y deterioro de los recursos hídricos
Greenpeace ha compartido que «una de las experiencias más recientes es la del incendio de Las Médulas (León), en 2025, donde un informe coordinado por el CSIC (4) y elaborado por más de 70 especialistas en incendios, biodiversidad, geología, hidrogeología, drones y riesgos sociales confirmó la eficacia de las actuaciones tempranas de estabilización. Entre ellas destacó la aplicación de mulch con paja agrícola en las zonas más afectadas, una técnica que consiguió reducir la erosión del suelo en una media del 85%, demostrando su capacidad para minimizar los impactos ambientales y favorecer la recuperación del territorio».
Sin embargo, la organización lamenta que «a pesar del consenso científico y técnico, las medidas de estabilización de emergencia posincendio siguen siendo una asignatura pendiente. Ante la magnitud de la superficie quemada, hay que actuar donde más se necesita y hacerlo a tiempo». Se trata de «evitar que un incendio forestal se convierta también en una crisis de erosión, desertificación y deterioro de los recursos hídricos».
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