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domingo, 2 de octubre de 2022
LOS PROBLEMAS COTIDIANOS DE LA CIUDADANÍA NO CENTRARÁN LA CAMPAÑA ELECTORAL - 01 octubre 2019 - Toledo
Agustín Yanel Agustín Yanel

Cualquiera que analice la vida política española actual, según lo que dicen cada día los políticos y lo que lee y escucha en los medios de comunicación, puede llegar a la conclusión de que el único problema de España se llama Cataluña. Lamentablemente, el conflicto de una parte de los políticos y ciudadanos catalanes con el Estado va a ser el centro de la precampaña y la campaña para las elecciones generales del 10 de noviembre. Cataluña está y va a seguir estando hasta en la sopa, como si no existieran otros asuntos que la ciudadanía quiere ver resueltos.

Se cumplen dos años de la consulta no autorizada que el independentismo hizo a los catalanes el 1 de octubre de 2017 -sin ninguna de las garantías que debe tener cualquier votación democrática-, en la que hubo demasiados excesos por las dos partes y faltó diálogo. Han sido dos años que parecen no haber existido, porque el conflicto continúa sin ser resuelto y, a juzgar por lo que proponen algunos dirigentes políticos, es poco probable que lo vayan a solucionar a corto o medio plazo.


El tema central de todos los informativos

Seguro que buena parte de la ciudadanía, tanto de Cataluña como del resto de España, se pregunta lo mismo que Carmen Maura en la película de Pedro Almodóvar ¿Qué hecho yo para merecer esto? Porque cansa mucho que, en los últimos años, el tema catalán sea casi a diario el asunto principal de los informativos de prensa, radio y televisión, de las tertulias y hasta de la charla cuando se viaja en taxi. Lo dicho, hasta en la sopa.

Quien más directamente sufre las consecuencias es la ciudadanía de Cataluña, porque lleva dos años con el Parlament autonómico prácticamente paralizado, dedicándose a montar bochornosos numeritos impropios de quienes representan a los catalanes y sin apenas aprobar leyes, como deberían hacer. Pero las consecuencias, como se ve cada día, también afectan a toda España.

En esas circunstancias, el partido independentista Candidatura de Unidad Popular (CUP) ha decidido presentarse a las elecciones generales del 10 de noviembre por primera vez. Puede sorprender que quienes pretenden independizarse del Estado español quieran ahora formar parte del Congreso de los Diputados de España; pero tienen todo el derecho a hacerlo porque, por mucho que haya quien reniegue de ello, Cataluña sigue siendo una parte de España.

CUP. «Un campo de batalla, no de negociación»

Pero más sorprendente, por absurdo y demagógico, es el objetivo que persiguen al presentarse a estas elecciones. Carles Riera, diputado autonómico de la CUP, ha dicho que van a la Cámara Baja a «defender autodeterminación, amnistía, derechos civiles y sociales y políticos». Hasta ahí, todo correcto. Pero ha añadido que, mientras no consigan esos objetivos, van para «generar inestabilidad e ingobernabilidad», a llevar «la confrontación y el conflicto al Congreso». Y, por si no quedaba suficientemente claro su objetivo, ha añadido:  «Vamos a llevar al Congreso un campo de batalla, no un campo de negociación o terceras vías. Vamos a llevar confrontación y conflicto».

Habrá que esperar que no obtengan ningún escaño, porque ¡vaya manera de hacer política! ¿Qué culpa tendrán los castellano-manchegos, riojanos, extremeños, murcianos, andaluces o vecinos de cualquier otra comunidad autónoma de que los catalanes que quieren independizarse de España no lo hayan conseguido? ¿Acaso tiene algo de positivo que se paralice la tramitación y aprobación de leyes que deben beneficiar a toda la ciudadanía, incluida la de Cataluña? Pues eso es lo que intentarían los candidatos de la CUP si llegaran a ser elegidos. Vivir para ver…

El álbum Mediterráneo, que Joan Manuel Serrat grabó en 1975 y es considerado uno de los mejores de la música española, incluye la canción Vagabundear con este par de versos: «Harto ya de estar harto, ya me cansé / de preguntarle al mundo por qué y por qué…» Seguro que muchos ciudadanos están hartos, más que hartos y requetehartos de que los políticos hablan demasiado de Cataluña y mucho menos de las pensiones, el paro, los elevados precios del alquiler y otros muchos problemas cotidianos que quieren ver resueltos.

Para Cataluña, ya saben la solución: dialogar, dialogar y dialogar, con sentido común y respetando las dos partes las leyes. Las querellas y sentencias, las declaraciones unilaterales de independencia y las inauditas declaraciones y actuaciones del president catalán Quim Torra no van a resolver el problema; pero el incumplimiento de las leyes y resoluciones del Tribunal Constitucional, tampoco.

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