Desde el Balcón de ELAlcalde

“El camino más largo y triste que has recorrido nunca”, por Juan Ramón Amores

Ha sido un día largo, está cansado y pese a que ya es tarde, Juan Ramón Amores escribe su columna. No quiere dejar pasar ni un día. Hoy se acuerda del párroco, de los trabajadores del cementerio, de las familias que entierran en solitario a sus muertos…

Nunca os he contado cómo escribo. Son las 10 de la noche y, como desde hace más de 20 días, sigo solo en el salón. Oigo a los niños de fondo, riendo con Mónica, aunque el bullicio no tardará mucho en convertirse en enfado para que se vayan a dormir.

El audio de Eva Perea que me ha encogido el alma

Acabo de escuchar un audio de más de cuatro minutos de la concejala de Bienestar Social de La Roda, mi amiga Eva Perea.

Se me ha encogido el alma al oírla hablar... Me ha tenido que contar ella su conversación con Manolo, porque yo no he conseguido hablar con él. Habrá desconectado al llegar a casa. Aún no sabéis quién es Manolo, pero no os preocupéis que os lo voy a explicar.

Ha sido un día duro, de muchas llamadas, conversaciones inacabables, reuniones telemáticas, una Junta de Gobierno virtual, mensajes, reunión de coordinación como cada día con el grupo de concejales e incluso el análisis de un futuro proyecto para La Roda.

Encima me han vuelto a pasar mensajes de redes sociales de esos que revuelven las tripas y que te tienes que contener para no contestar.

Hoy ni siquiera tengo ganas de escribir

Os soy sincero, hoy es el primer día que ni siquiera tengo ganas de escribir. Me duele la cabeza y tengo ganas de desconectar. Pero también creo que esta historia que voy a compartir merece la pena.

Hablamos cada día de solidaridad del personal médico, de los trabajadores de tiendas de alimentación, de la policía y un largo etc. de personas que están afanándose para conseguir lo más bonito, la vida. ¡Pero qué poco hablamos de mucha gente que forma el círculo que nos acompaña en nuestra muerte!

Qué poco hablamos de mucha gente que forma el círculo que nos acompaña en nuestra muerte

Ayer mantuve una interesante conversación con nuestro párroco, don Fernando, con quien tengo una formidable relación desde incluso antes de llegar a la alcaldía. Fernando es una persona joven, educada y formada, con quien da gusto conversar.

El párroco me cuenta lo duro que es subir solo el largo y triste camino al cementerio

Ayer llamé utilizando el vídeo porque quería ver su cara, sus gestos. Fernando, como todos, estaba cansado. Ha puesto en cuarentena al otro párroco de la localidad, don Vicente, que es de mayor edad y ahora se encarga él de todos los oficios durante estos días.

El cementerio de La Roda
El cementerio de La Roda.

 

Son ya cerca de 40 personas las fallecidas, cuando “lo normal” serían unas 14, me dice con voz triste. No sabemos los motivos y, aunque parece que es obligatorio que todos mueran por este maldito virus, no es así; hay gente que ha fallecido por otras dolencias.

Aún así son muchas personas para este mes de marzo que difícilmente olvidaremos. Me dijo que no le apetecía salir, que le gustaría quedarse en casa también, que era duro despedir a gente con muy pocos familiares a su alrededor, sin poder dar muestras de cariño a quienes las necesitan más que nunca.

Me contaba lo duro que era subir solo el camino hacia el cementerio y yo lo imaginaba de esa misma manera, subiendo solo por la calle de la Virgen, llegando a la cuesta del cementerio, recorriendo el camino más largo y triste que ha recorrido nunca.

La tristeza de Manolo y José

Allí le esperan Manolo y José, dos hermanos, hijos del antiguo enterrador, puesto que ahora ocupan ellos. Conocen el cementerio como la palma de su mano y lo cuidan como si de su propia casa se tratara.

Lo están pasando mal, me decía Eva esta tarde, cuando he decidido escribir sobre este tema. Son testigos en primera persona de un momento muy duro, en el que ven a personas tristes despedir a sus seres queridos, prácticamente solos. El camino tiene que ser difícil y he de reconocer que para esto también hay que estar preparado.

Le comentaban a Eva que al terminar “esto”, van a necesitar tratamiento psicológico. A todas estas situaciones tristes hay que sumarle el miedo que tienen a poder ser infectados. El desconocimiento hace que no sepan lo expuestos que se encuentran.

Me emociona la lucidez en medio del dolor

Nunca hemos visto entierros a este nivel, a pesar de los años que llevamos aquí, con tan poquita gente, con esa dureza y tristeza que llevan en sus caras.

A pesar de todo esto que os cuento, Manolo termina confesando a Eva... que esto pasará y seguro que vamos aprender a valorar lo que tenemos, a dar un paseo por el campo, a tomar un café con una persona querida, a hacer cosas que antes nos molestaban y seguro que ahora estamos deseando repetir.

En esto me reconozco perfectamente, llevo más de cuatro años diciéndolo a los cuatro vientos. Pero aún así, me emociona que una persona que está acumulando tanto dolor tenga un momento de lucidez para hablar del futuro, de verdad que hace que mis ojos se emocionen.

Mi reconocimiento a las personas que trabajan en las funerarias, expresado a través de estas tres personas a quien mando mi más caluroso abrazo. Fernando, Manolo y José gracias por vuestra labor oscura y tapada, pero tan importante en nuestro camino a la otra vida. Gracias a todos por ayudarnos a recorrer el camino más largo y triste que nunca hemos recorrido.

Aprendamos a disfrutar las pequeñas cosas

Gracias Eva por poner tu granito de arena en este relato que termina con un mensaje de positividad. «Aprendamos a disfrutar de esas pequeñas cosas que siempre hemos tenido, a pesar de que muchas veces no las hemos visto».

Hasta mañana.

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Columna Juan Ramón Amores
Ilustración: Inma Bañegil.