No hace falta cruzar el Atlántico ni viajar hasta una gran reserva africana para encontrar una lámina de agua tomada por aves. En Pozuelo de Calatrava, a pocos kilómetros de Ciudad Real capital, la Laguna del Prado, más conocida como La Inesperada, ofrece cada primavera una de las imágenes más sorprendentes del Campo de Calatrava, con flamencos alimentándose en sus aguas someras y salinas.
El enclave está situado al nordeste del casco urbano de Pozuelo de Calatrava, en plena transición entre la llanura manchega y el paisaje volcánico calatravo. Su propio nombre popular, La Inesperada, resume bien la sensación del visitante. Tras las calles tranquilas del municipio aparece un humedal que cambia por completo según las lluvias y que puede pasar de la sequedad estival a convertirse en refugio de aves migratorias cuando el agua vuelve a ocupar su vaso.
La laguna es salina y estacional, con una profundidad máxima aproximada de 30 centímetros, y depende principalmente de las precipitaciones. Esa condición explica parte de su autenticidad. No es un paisaje permanente, sino un espacio cambiante, muy ligado al clima, donde la presencia de aves varía de un año a otro. Cuando las lluvias recargan el humedal, el espectáculo natural se dispara, sobre todo con la llegada de flamencos y de otras aves acuáticas que encuentran allí alimento y refugio.
En 2026, el regreso de los flamencos se adelantó al invierno. Las primeras lluvias del año elevaron el nivel de la laguna y propiciaron la vuelta de estas aves, que se han convertido en el gran reclamo visual de la reserva.

Imagen aérea de la laguna de La Inesperada, en Pozuelo de Calatrava
Laguna de origen volcánico
Pero La Inesperada no es solo una imagen bonita para fotografiar. Es también un espacio natural protegido, importante por las aves que acoge y por las plantas adaptadas a vivir en terrenos salinos. A ese valor ambiental se suma su origen geológico, ligado al volcánico Campo de Calatrava, una de las zonas más singulares de la provincia de Ciudad Real. La laguna se encuentra en un entorno marcado por antiguos cráteres y materiales volcánicos, una huella natural que explica también su integración en el Geoparque Volcanes de Calatrava.
Ese paisaje volcánico ha ganado protagonismo en los últimos años con el impulso del geoparque, reconocido por la UNESCO, para acercar al público un patrimonio todavía desconocido para muchos. La propia Laguna de Pozuelo forma parte de ese mapa de recursos y su centro de visitantes recibe en torno a 10.000 turistas al año.
La recuperación y puesta en valor de La Inesperada también ha ido de la mano de distintas actuaciones de conservación ambiental. El humedal forma parte de la Red Natura 2000 y ha sido incluido en el proyecto europeo Life Humedales, con intervenciones orientadas a proteger este espacio, mejorar la experiencia de los visitantes y convertirlo en un recurso de educación ambiental y turismo de naturaleza. A ello se suman las rutas de «Agua y Fuego», impulsadas en Pozuelo de Calatrava para explicar la relación entre la laguna, el agua y el origen volcánico del Campo de Calatrava.
Un parque para descubrir La Inesperada en familia
A ese atractivo natural se suma desde el pasado año un nuevo parque temático e infantil que combina ocio, educación ambiental y divulgación del pasado geológico y biológico del Campo de Calatrava. El espacio permite conocer cómo era la fauna del Plioceno, con recreaciones a tamaño real de especies prehistóricas como anancus, rinocerontes, tortugas gigantes, guepardos o hienas.
El parque incorpora una línea del tiempo geológica representada con una tirolina, paneles informativos, observatorios y una gran estructura en forma de flamenco gigante con toboganes, convertida en uno de sus elementos más llamativos para los más pequeños.

Parque temático de ‘La Inesperada’
