En Puertollano, la historia de uno de los negocios más reconocidos de la ciudad se remonta a 1952, cuando Gervasio Romero comenzó a elaborar mantecado helado de manera artesanal. Había aprendido la técnica en Valencia, utilizando garrafas refrigeradas con salmuera, y a su regreso empezó a vender sus productos por las calles junto a su hijo Adolfo. Más de siete décadas después, aquella pequeña actividad familiar se ha convertido en una firma artesanal capaz de medirse con algunas de las grandes potencias mundiales del sector.
Al fundador le sucedió su hijo y, posteriormente, su nieto, Adolfo Romero Rodríguez, tercera generación de la saga y responsable de situar el apellido familiar en la alta competición. Incluso una cuarta generación se ha incorporado ya al obrador. La empresa ha mantenido los sabores tradicionales que construyeron su clientela, con el turrón como uno de sus grandes clásicos, pero ha ido incorporando formulación científica, nuevas texturas, pastelería y productos de proximidad.
Romero creció entre vitrinas y maquinaria, pero su salto profesional llegó cuando decidió buscar respuestas más allá de las recetas transmitidas en la familia. Primero se formó de manera autodidacta y después cursó el programa de Experto Universitario en Elaboración Artesanal de Helados de la Universidad de Alicante, donde más tarde también ejerció como docente.
La competición hizo el resto. En su primera participación en un Campeonato de España terminó tercero y después fue subcampeón nacional en 2012, resultado que repetiría en 2019. En 2014 acudió como reserva al Mundial y España acabó quinta. Dos años más tarde formó parte del equipo que logró el primer subcampeonato mundial de la historia de la heladería española. En 2018 volvió a conquistar la plata, esta vez al frente de un combinado que se quedó a solo 45 puntos de Francia.
Esos campeonatos también han terminado entrando en las vitrinas de Puertollano. De ellos nacieron creaciones como Caperucita Roja, elaborada con dos vainillas, frambuesa, cacao y nibs de cacao; Merlín, con coco, fruta de la pasión, bizcocho de piña y vainilla; o Elixir de Vida, que combina plátano, chocolate Dulcey y nuez de pecán.
Sabores con identidad manchega
La innovación de Helados Romero no se ha limitado a los concursos. Junto a su hermano Óscar, Adolfo creó Vulcano, un helado de sésamo negro, frambuesa y crujiente de chocolate inspirado en el pasado volcánico del Campo de Calatrava. También ha trabajado con aceite de oliva, tomate y piñones en una propuesta gastronómica ligada al producto regional.
Su trabajo ha sido reconocido además con varios Soletes Repsol, el último concedido en 2026, y recientemente ha sido incluido por El País entre las heladerías artesanas recomendadas de Castilla-La Mancha.
El próximo desafío volverá a conducir a Adolfo Romero hasta Rimini. El heladero de Puertollano capitaneará al equipo español en la fase europea clasificatoria de la Copa del Mundo de la Heladería, que se celebrará del 23 al 25 de enero de 2027 y repartirá cuatro plazas para la final mundial de 2028. Junto a él competirán Albert Roca, como heladero; Migué Señoris, como pastelero; y el alcazareño Jesús Quirós, maestro chocolatero de Pastelería La Rosa.
Mientras prepara ese reto, Romero tiene otro encargo con fuerte carga simbólica: crear un helado inspirado en Don Quijote que pueda representar a la provincia dentro y fuera de sus fronteras.
