ENCLM distinguió al pueblo con el premio "Son Excelentes"

Excelentes 2019: no todo fue agua y barro en la riada de Cebolla: los vecinos y la sociedad volcados para recuperar la normalidad

En la riada de Cebolla, que asoló la localidad toledana el día grande de sus fiestas patronales, dejó cuantiosas pérdidas, por fortuna solo materiales, sus paisanos demostraron cómo salir del atolladero trabajando todos a una y la sociedad dio una lección de solidaridad volcándose con la donación de libros para reponer la biblioteca, entre otras cosas

Silvia Díaz del Fresno, en el centro, junto con Mar G. Illar, directora de ENCLM, y Álvaro Gutiérrez, presidente de la Diputación de Toledo, patrocinadora del premio.

El 8 de septiembre de 2018 está grabado a fuego en la memoria de todos los cebollanos. Eran las fiestas del pueblo, el tiempo no era malo, y los vecinos disfrutaban del vermut después de haber paseado a su patrona por las calles de la localidad toledana. Pero de repente todo se truncó.

 

Apareció la lluvia, pero lo que es peor, en muy pocos minutos apareció un río que atravesaba la localidad de norte a sur. La gran cantidad de agua caída en muy poco tiempo en algunos municipios más al norte de Cebolla hizo que el arroyo de la Sangüesa, que atraviesa el pueblo por el subsuelo, se desbordase para sacar de nuevo a la superficie el cauce, pero por la calle Real de Cebolla.

La riada destrozó la biblioteca, la farmacia, y se anegó multitud de viviendas… Al día siguiente el pueblo de Cebolla parecía un escenario de guerra, las marcas de agua se veían en las paredes hasta a dos y tres metros de altura.

Las riadas no son algo nuevo en Cebolla, pero en esa ocasión se cebó con la localidad con una fuerza inusitada. La fuerza con la la que bajaba el arroyo hizo que se desbordase justo donde comienza su soterramiento y comenzó a anegar el parque, pasando por la biblioteca, el centro de salud, la farmacia… Hasta encarar la plaza del pueblo, donde la riada se llevó por delante todo lo que pilló, entre otras cosas los puestos de los feriantes a quienes el agua arruinó su modelo de vida.

En un principio las tareas se centraron en evitar desgracias personales, intentando acceder a las casas donde había personas mayores para comprobar que estaban bien. El nivel del agua bajó y se comenzaron a valorar los daños, no sin antes arrastrar decenas de sillas cientos de metros más abajo de la terraza de un bar que está al final de la plaza del pueblo… Todo ello en plena celebración de una boda.

Los cebollanos sacaron todos los cepillos y todas las palas que pudieron reunir y comenzó la operación vuelta a la normalidad, pero no sería tarea fácil. Decenas de metros cúbicos de fango abarrotaban la arteria principal del pueblo y las tremendas imágenes de la riada seguían dando la vuelta a todo el país.

Un río de solidaridad

El ruido mediático que provocaron esas impactantes imágenes tuvo algo bueno: la sociedad se volcó para ayudar a Cebolla. La principal beneficiaria de la ayuda fue la biblioteca municipal, puesto que había sido el edificio más dañado y también fue sobre el que más ayuda se solicitó. Se iniciaron recogidas de libros de todo tipo. En colegios, en otras bibliotecas, partidos políticos, medios de comunicación, en ferias locales. Un sin fin de recogidas que terminaron desbordando todas las previsiones.

No fueron las únicas muestras de solidaridad. La cara amable de las catástrofes naturales son las muestras de humanidad que saca a relucir la sociedad. En un pueblo volcado con la limpieza, donde hubo más de 300 voluntarios a los que solo les hacía falta un bocata y una coca-cola para aguantar las duras jornadas de pala y cepillo.

También hubo donaciones. En el Ayuntamiento también creó un fondo de solidaridad con todas las donaciones que están recibiendo. Ayudas que provenían de vecinos que no podían ayudar y donaron dinero, de rifas solidarias en el pueblo y en otras localidades vecina… Todo con tal de que Cebolla pudiera seguir lamiendo sus heridas.

La emoción de la alcaldesa en la entrega de premios

Por todo lo que sufrieron y sobre todo por el ánimo para levantar el pueblo después de la catástrofe, Cebolla y los cebollanos recibieron el premio «Son excelentes» que otorga encastillalamancha.es. El galardón lo recogió la alcaldesa de la localidad, Silvia Díaz del Fresno, quien todavía muy emocionada por la riada que conmocionó a su pueblo, agradeció y dedicó el premio a todos aquellos que echaron una mano para que el pueblo recuperase su habitual funcionamiento.

«Para mí es un trago recordar otra vez lo que pasó«, reconocía Díaz. Quiso agradecer el premio también a los medios de comunicación que ayudaron a que la sociedad se volcara con Cebolla. «Hicieron una gran labor de servicio público mostrando al mundo lo que ocurría en Cebolla sin tremendismos», explicó la alcaldesa.

«El ocho se septiembre es una fecha que se va a quedar guardada en la mente de todos», continuaba explicando la alcaldesa, «por fortuna no hubo daños personales y los materiales no eran irreparables», festejaba la alcaldesa.

Por último dijo que ese premio no era suyo, sino de «los cebollanos y cebollanas» y que todos ellos querían compartirlo «con todas esas personas excelentes que trabajan cada día para y por los ciudadanos, que son los efectivos de las diferentes administraciones públicas, Infocam, el 112, Bomberos, Guardia Civil, mantenimiento de carreteras y mantenimiento de Diputación, este premio también es de protección Civil de Cebolla y de otros pueblos que también nos ayudaron», subrayó la alcaldesa sobre un premio que, además, contó con el patrocinio de la Diputación de Toledo y que recibió de manos de su presidente, Álvaro Gutiérrez.

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