En medio de las casas encaladas de Puerto Lápice, detrás de un arco que parece conducir al patio de una antigua venta manchega, se abre uno de los rincones más singulares de la provincia de Ciudad Real. Es la Plaza de la Constitución, también conocida como Plaza Mayor, un espacio recogido entre dos alturas de soportales, balcones y pies derechos de madera pintados con el característico color almagre de La Mancha.
Su imagen recuerda a los antiguos corrales de comedias y se ha convertido en la principal postal turística de este pequeño municipio, además de continuar funcionando como lugar de encuentro para sus vecinos. El propio Ayuntamiento la define como el corazón social de Puerto Lápice, un espacio en el que confluyen la arquitectura popular, la vida cotidiana y la memoria del pueblo.
El aspecto de la plaza podría llevar a pensar que sus galerías llevan varios siglos contemplando el paso de los viajeros. Sin embargo, uno de sus principales atractivos reside precisamente en una historia mucho más reciente: la plaza tal y como se reconoce actualmente fue construida e inaugurada en 1976.
Una crónica publicada por el diario Lanza el 9 de diciembre de aquel año relataba cómo el espacio había sido transformado en apenas siete meses. La iniciativa partió del entonces alcalde, Ambrosio Casanova, pero la obra terminó convirtiéndose en un proyecto colectivo. Según recogía el periódico, prácticamente todo el vecindario colaboró aportando trabajo, herramientas, materiales o vehículos. La plaza no solo fue construida para el pueblo, sino también por el propio pueblo.
Aquel esfuerzo popular permitió levantar las galerías de madera, los balcones corridos y los corredores que hoy envuelven la plaza. Una arquitectura inspirada en las construcciones tradicionales manchegas que ha terminado adquiriendo un valor emocional difícil de medir únicamente mediante informes técnicos o presupuestos de obra.
Una parada en los caminos de Don Quijote
La plaza forma parte de una localidad que vive estrechamente vinculada al universo cervantino. Miguel de Cervantes citó Puerto Lápice en cuatro ocasiones en el Quijote, presentándolo como un lugar de paso en el que podían encontrarse “muchas y diversas aventuras”.
Su ubicación en un histórico cruce de caminos favoreció la aparición de ventas y establecimientos para atender a los viajeros que atravesaban La Mancha. Esa identidad sigue presente en la Venta del Quijote, los molinos de la Sierrecilla y la propia Plaza de la Constitución, convertida ahora en una de las paradas más fotografiadas de la ruta cervantina.
Sin embargo, el futuro de esta plaza porticada ha abierto durante los últimos meses una profunda discusión en Puerto Lápice. El Ayuntamiento considera necesaria una intervención de gran alcance para garantizar su estabilidad, mientras que una plataforma vecinal teme que el proyecto termine sustituyendo el conjunto construido por los vecinos por una réplica realizada con materiales contemporáneos.
La reforma que ha dividido al pueblo
El proyecto, aprobado el 7 de abril de 2026 con los votos favorables de PP y PSOE y el rechazo del partido independiente, se presenta oficialmente como una actuación de “reconstrucción y renovación”. El Ayuntamiento sostiene que permitirá solucionar las patologías existentes, reforzar la seguridad y conservar la imagen tradicional de la estructura porticada, aunque adaptándola a las actuales exigencias técnicas.
La alcaldesa, Sagrario Baeza, ha defendido que la plaza presenta problemas en la cimentación y un desnivel que ha cifrado en el 16%. El PSOE local también ha advertido de la existencia de maderas afectadas por hongos y termitas, deformaciones en la cubierta y desperfectos en el forjado. “Tenemos claro que queremos conservar nuestra plaza con materiales contemporáneos pero la misma imagen”, explicó Baeza en una reciente entrevista en la Cadena SER.
Frente a esta postura surgió la plataforma Salvemos Nuestra Plaza, que no cuestiona la necesidad de reparar los daños, pero rechaza la solución planteada. El colectivo sostiene que el proyecto supone desmontar la estructura municipal, demoler pilares, forjados y cubiertas y ejecutar nuevas cimentaciones.
También critica que se proponga sustituir elementos tradicionales por madera laminada, hormigón con cuarzo, cemento continuo, piedra caliza, tejas nuevas y canalones de zinc-titanio. Además, denuncia que la actuación se limita a la parte municipal y deja fuera otros espacios privados integrados en el mismo conjunto arquitectónico. “No rechazamos arreglar la plaza. Rechazamos perder su identidad”, resume la plataforma.
Patrimonio obliga a revisar la intervención
La controversia dio un nuevo giro cuando la Administración regional entró en el expediente. Según explicó la alcaldesa, el Ayuntamiento había recibido en enero una autorización previa para realizar una intervención arqueológica y estructural. Sin embargo, el 28 de abril, Patrimonio reclamó documentación adicional y planteó modificar el tipo de actuación autorizado inicialmente.
El PSOE reconoció posteriormente que el proyecto todavía no era definitivo y aseguró que tendría que adaptarse a las recomendaciones del informe final de Patrimonio. La actuación cuenta, además, con una subvención de 390.000 euros de la Diputación de Ciudad Real, uno de los motivos por los que el Ayuntamiento ha defendido la necesidad de cumplir los plazos administrativos.
La discusión va así mucho más allá de decidir si la plaza necesita obras. El verdadero debate reside en cómo intervenir sin borrar el carácter de un espacio levantado por los vecinos hace medio siglo. El Ayuntamiento asegura que conservará su aspecto; los detractores temen que mantener únicamente la imagen exterior no equivalga a conservar la plaza original.
Entre la necesidad de asegurar su estructura y la obligación de preservar su memoria, Puerto Lápice deberá decidir ahora cómo quiere que llegue al próximo medio siglo el lugar que mejor representa al pueblo.
