El estilo arquitectónico del Palacio de Versalles (Francia), ordenado construir en 1623 por Luis XIII como pabellón de caza y ampliado más tarde de forma monumental por su hijo Luis XIV, el «Rey Sol», cambió la historia y el arte en Europa. Una muestra en nuestro país es el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso (Segovia), mandado edificar bajo el reinado del rey Felipe V en 1721. En el corazón de Castilla-La Mancha, a menor escala, descubrimos otra prueba de la influencia francesa en un rincón a orillas del río Júcar, donde las aguas acarician las provincias de Albacete y Cuenca.
El Palacio de los Gosálvez fue construido alrededor del año 1900 por orden de Enrique Gosálvez, miembro de una familia de empresarios textiles y papeleros originaria de Alcoy (Alicante). Se ubica en una finca junto al municipio albaceteño de Villalgordo del Júcar, aunque los terrenos pertenecen a la localidad conquense de Casas de Benítez. El edificio, de estructura clásica y que podría catalogarse como un pequeño Versalles, fue lugar de retiro para personalidades de la política durante cacerías y vacaciones estivales, e incluso para toreros y artistas como Domingo Ortega y Celia Gámez, según destaca el Portal de Cultura de Castilla-La Mancha.
Con más de 100 años de historia entre sus paredes y tras décadas en ruinas, el ‘Versalles de la Mancha’ volverá a tener vida gracias al matrimonio de restauradores Ludovic Caballero y Yulia Bikina. Él, de origen suizo, y ella, nacida en Rusia, han realizando una gran labor en la recuperación y preservación del patrimonio histórico y arquitectónico de Caudete en la Finca El Paso. Ahora buscan devolver el esplendor al Palacio de los Gosálvez, respetando su esencia original, para convertirlo en un espacio para eventos como bodas, bautizos y cenas de empresa además de organizar visitas guiadas e, incluso, habilitar algunos alojamientos.
El Palacio de los Gosálvez fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1994. Sin embargo, desde 2008 forma parte de la Lista Roja de Hispania Nostra por su «deterioro avanzado y progresivo por abandono» Por suerte, gracias a esta apasionada pareja, el «Versalles de la Mancha» volverá a brillar a orillas del Júcar.
Arquitectura, tesoros perdidos y jardines
El Palacio de los Gosálvez consta con tres plantas cubiertas con faldones y dos alas perpendiculares. La parte central del edificio cuenta con un porche-terraza ubicado en la fachada principal sobre una escalinata. En el centro del conjunto se situaba una fuente llamada «La Zarina», que fue regalada a los Gosálvez por Alejandra, la esposa del zar ruso Nicolás II. En la actualidad solo queda la base donde un día estuvo la estructura, señala la Lista Roja de Hispania Nostra.

Palacio de los Gosálvez. Imagen de archivo procedente del fondo: Luis Escobar (JCCM)
La fachada posterior tiene una portada de tres puertas entre pilastras y piso superior con balcón corrido, cubiertas de pizarra con buhardillas redondas y un torreón central. Con 368 ventanas e igual número de puertas, el palacio albergaba veinte estancias, cuartos de baño y salones decorados con motivos de plata y cristal, combinados con un mobiliario selecto. Había habitaciones manchegas, árabes y chinas, entre otras, indica el Portal de Cultura de Castilla-La Mancha.
La mansión también cuenta con edificios complementarios, entre los que resalta una capilla de estilo neogótico de principios de siglo. Esta posee muros de tapial con verdugadas de ladrillo, unas bóvedas de ladrillo que arrancan del suelo sin columnas, carpintería de castaño de líneas románico-góticas y ventanales apuntados con vidrieras artísticas. Sobre la puerta apuntada aparece un arco de ladrillo de medio punto que tiene por fondo un azulejo historiado de Santiago Matamoros y un hueco de campana con un pequeño frontón cuadrado de ladrillo.

Palacio de los Gosálvez
En el exterior, sus jardines poseen especies de gran valor ecológico, algunas únicas en toda la región. El recinto está circundado por árboles frutales de todas las variedades, abetos pinsapos, tejos, tilos y castaños de Indias. Algunas de estas especies son exclusivas en la comunidad autónoma, como ocurre con ciertas palmeras y plataneros. De hecho, se conserva el paseo de palmeras traídas desde las colonias de América que conduce al palacio desde las caballerizas, además de otro paseo de plataneros de más de 150 años que se dirige a un «castillito» que servía de entrada a las fábricas. En cuanto a las caballerizas, el edificio está bien conservado porque estuvo habitado hasta los años 80.
Con el proyecto de Ludovic Caballero y Yulia Bikina, el Palacio de los Gosálvez recuperará su antigua grandeza, demostrando que la belleza, por mucho tiempo que pase oculta, siempre encuentra la manera de volver a florecer.
