Desde el Balcón de ELAlcalde

"Los caprichos del destino", por Juan Ramón Amores

Juan Ramón Amores nunca ha admitido que la ELA le impida intentar cumplir sus años. Y hoy recuerda cómo el destino le puso hace un año en uno de los lugares más bonitos, la Alcaldía de su pueblo… Aunque para llegar ahí tuvo que soportar una campaña cruel y despediada. Algunos aún no le perdonan su victoria

Ayer 26 de mayo se cumplía un año de las elecciones municipales y regionales y coincidía precisamente con el Pleno municipal ordinario del mes de mayo del Ayuntamiento de La Roda. El destino es así de caprichoso muchas veces.

La verdad es que ha sido un año trepidante, con muchas adversidades que se han ido sumando para acabar con una pandemia mundial que ningún alcalde o alcaldesa actual había vivido.

Tomé posesión como alcalde el 15 de junio. Desde entonces han pasado muchas cosas que no dejan que cojas la velocidad de crucero que te gustaría tener. Cuando llegue ese día os haré un pequeño resumen, porque hoy me quiero centrar en el 26 de mayo de 2019 y lo que significó en mi vida.

Una de las decisiones más difíciles de mi vida

Tomar la decisión de presentarme a las elecciones encabezando una lista fue una de las más difíciles de mi vida. Me costó mucho decidirme, por varios motivos, uno de ellos, lógicamente, la enfermedad que tengo.

También debo decir que vivir fuera de mi pueblo hace que la gente no te conozca y se quede observando cada vez que te ve para comprobar cómo esta maldita enfermedad va acabando poco a poco con mi cuerpo.

Es una situación muy desagradable de la que te das cuenta, aunque la persona que te mira intente disimular.

Además, mi mujer tenía trabajo en Toledo y para venirse a cumplir mi sueño tenía que dejar su profesión; y, por supuesto, mis niños ya estaban integrados en sus centros educativos y también tenían que adaptarse a la nueva situación.

Siempre habíamos perdido…

Por supuesto, un miedo invadía también mi cuerpo. Había participado en listas electorales en tres ocasiones y siempre habíamos perdido. La oposición en un ayuntamiento es muy dura; gobernar será difícil, pero la oposición también tiene una parte muy complicada; y, como decía un amigo mío, allí se pasa mucho frío.

Tenía miedo de volver a perder, que a su vez era lo más lógico, puesto qué aquí el PP llevaba 32 años gobernando, ocho elecciones consecutivas. Pues sí, tenía miedo de volver a pasar frío en la oposición.

Pero al final, y después de hablar con mucha gente que me decía que el pueblo necesitaba un cambio, de escuchar a mi familia y amigos y poner en la balanza todos los pros y contras, decidí dar el paso y encabezar un proyecto que sería difícil, pero que podía llevarme a disfrutar de un puesto que es el más bonito de la política.

Ser elegido en tu pueblo no tiene precio

Sin duda, ser director general durante casi cuatro años del Gobierno de Castilla-La Mancha fue uno de los mayores honores que uno puede tener, pero ser elegido por tu pueblo, de verdad, no tiene precio.

Fue una campaña y una precampaña duras de soportar. Se intentó utilizar contra mí todo lo posible, incluso la enfermedad.

Se utilizó la enfermedad contra mí sin ningún límite

Antiguos concejales se permitían ir diciendo que «¡dónde iba yo con la enfermedad que tenía a ser alcalde…!»

Escuchaba rumores por todos lados, gente mayor que me decían que le habían dicho que no iba a vivir toda la legislatura.

Fueron momentos duros, que atacaron más de cerca a mi entorno, porque a mí, lejos de hacerme daño, me hicieron mucho más fuerte.

Había llegado el momento de demostrar que una persona aunque tenga dificultades puede llegar a donde se proponga solamente con una sencilla palabra, ayuda.

Solo pedí lealtad y luchar por La Roda

Busqué la mejor de las ayudas, un equipo nuevo, renovado, con gente a la que solo pedí lealtad y que lucharan por su pueblo. Encontré un partido unido detrás de mí, ofreciéndome eso, ayuda para llegar a donde yo me propusiera.

Sabía que llegaríamos lejos, aunque si soy sincero, nunca imaginé que tanto.

Tenía que demostrar que nadie sabe qué día va a dejar de estar, si aguantará la legislatura entera o no, porque lo más importante es que cada día que estés aportes. Eso es lo verdaderamente difícil.

Dejarme la piel cada día hasta que las fuerzas me acompañen

Me comprometí a dejarme la piel cada día que estuviera y ese será mi reto, dejarme la piel cada día hasta que las fuerzas no me acompañen.

No sé cuándo será, pero si no lo hubiera intentado, este año que ha pasado no lo hubiera vivido. Y no habrá coronavirus tan fuerte que me impida seguir luchando cada día que esté, por mi pueblo.

Recuerdo muchas cosas de aquel día 26. Estuve toda la mañana en el colegio donde voto. Cuando me iba a comer un concejal del Partido Popular me dijo: «Tenemos una encuesta que dice que ganamos las elecciones; por poco, pero las ganamos».

Un concejal del PP me dijo: "Tenemos una encuesta que dice que ganamos las elecciones; por poco, pero las ganamos"

Me fui a mi casa desganado, pensando en que no podía perder otra vez. Pensé qué mal hemos preparado las elecciones que nosotros no hemos tenido recursos para hacer encuestas.

Llegaron las 8 de la tarde y me senté delante de la hoja de cálculo que tenía preparada con los resultados de las anteriores elecciones.

En un oído un auricular escuchando la radio de mi pueblo para ver cómo iban los sondeos; en el otro a mi amigo Antonio que me ayudaba a ir pasando los datos; la televisión puesta para ver qué pasaba en nuestra región… Los primeros compañeros y compañeras empezaban a aparecer para seguir en directo el escrutinio.

Mi corazón era una bomba a punto de estallar

Mi corazón era una bomba a punto de estallar. Según empezaban a llegar las mesas los resultados eran excelentes, pero ya había vivido un momento parecido, en el que las últimas dos mesas cambiaron el resultado electoral y nos hicieron perder.

Escuchaba la radio, que decía que estábamos ganando, pero yo seguía sin fiarme. Llegaban mensajes de las mesas electorales que eran increíbles y todavía seguía sin pensarlo, sin creerlo… Hasta que oí en la radio la diferencia de votos y me di cuenta de que ya era un día histórico.

Abrazos, besos, ojos llorosos…

Empecé a recibir abrazos, besos, empecé a ver ojos llorosos, gente llorando de la emoción, gente con risas que no podían parar… Y entonces yo necesitaba parar, porque en breve vendría la tele local y yo quería empezar a mostrar la diferencia desde el principio.

Había vivido momentos muy duros, con gente que nos mostraba el dedo pulgar hacia abajo para decirnos que habíamos perdido mientras esbozaba una sonrisa, con pitidos de coches que se acercaban a nuestra sede para restregarnos su victoria, había vivido momentos muy duros.

Vi la calle de nuestra sede llena de gente, que venía contenta, que no eran de nuestro partido, sino que parecía que habían encontrado una liberación.

26MLaroda
Sede del PSOE el 26M.

 

Cogí el altavoz y un micrófono y me salí a la calle a intentar contener la euforia que podría llevarnos a cometer los mismos errores de los que yo me había quejado muchas veces.

Nos tocaba trabajar, no iba a ser fácil, ahora venía lo complicado, quedaba cambiar la inercia de un pueblo gobernado 32 años por prácticamente las mismas personas, pero sobre todo con las mismas ideas.

Recuerdo cuando llegó Mónica, que había estado como interventora todo el día. La foto lo dice todo, no sé quién la hizo, pero si que sé que no necesita explicación.

Juan Ramón Amores felicitado por su esposa, Mónica
El encuentro con Mónica.

 

La gente empezó a marcharse a tomar algo para celebrarlo, mientras yo tuve uno de esos pequeños detalles que seguro que pasan desapercibidos. Había una mesa electoral que todavía no había terminado el recuento. Era muy tarde y lo fácil hubiera sido irme a tomar una cerveza, pero me fui a acompañar a los interventores de mi partido que estaban allí ya desesperados.

Me encontré a la candidata del PP, prácticamente sola…

No quería estar de celebración hasta que todos pudiéramos hacerlo. En esa misma mesa me encontré a la candidata del PP, que estaba allí prácticamente sola, haciendo lo mismo, esperando que cerraran la mesa. La habían dejado sola y yo no lo entendí.

El mismo concejal que me habló de las encuestas hoy ha hecho una entrevista en televisión en la que dice que yo soy un mal alcalde, porque ayer no le dejé intervenir en el Pleno por tercer turno.

Yo simplemente me limité a dirigir el Pleno como me corresponde como presidente de la Corporación y cuando no hay una réplica, no puede haber una contrarréplica.

Pero incluso si me equivoqué, qué criterios puede tener para decir que yo soy un mal alcalde.

A mí me han expulsado del pleno por infinitamente menos de lo que ayer hizo él. Yo ni siquiera le llamé al orden.

En política importan los pequeños detalles

He visto como se reía multitud de veces de compañeros concejales tanto del PSOE como de IU. Yo nunca juzgué si él es buen o mal concejal.

Podría hablar de la deuda, del estado de las calles, de la falta de servicios, de la falta de personal, de la falta de  transparencia... que serían criterios más objetivos para valorar si uno es bueno o malo. Pero yo no lo voy a hacer, porque en la política los pequeños detalles cuentan.

Porque yo no quiero ser ni el mejor alcalde ni un buen alcalde, lo único que quiero es dejarme la piel y trabajar para mi pueblo y dentro de tres años el pueblo juzgará si lo hicimos bien o mal.

Desde luego, para mí Jesus Perea, Antonio o María José hubieran sido mucho mejores alcaldes o alcaldesa que yo, pero con lo que hemos visto en el Pleno durante tantos años no creo que nadie pueda decir que no se nota la diferencia en esta legislatura.

Me atreví a dar un paso que él nunca dio

Y cuando siempre el problema salta con la misma persona, quizá hay que empezar por la autocrítica y no por la crítica a los demás.

Porque yo me pondría de acuerdo en todo con la portavoz del otro grupo, con la candidata a las elecciones, pero siempre tenemos el problema con la misma persona, que si quería ser el portavoz, hubiera sido tan fácil como presentarse a las elecciones.

Porque la política no puede ir siempre por delante de las personas en un pueblo tan pequeño como el nuestro. Porque en política los pequeños detalles valen mucho más. Y porque yo seré un mal alcalde, pero me atreví a dar el paso que él nunca dio.

Gracias a todas las personas que confiaron en el equipo que yo encabecé. Os garantizo que se dejarán la piel por nuestro pueblo.

Te quiero La Roda.

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Columna Juan Ramón Amores
Ilustración: Inma Bañegil.