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lunes, 28 de noviembre de 2022
Desde el balcón dELAlcalde - 13 julio 2022 - La Roda
Juan Ramón Amores Juan Ramón Amores

Llevo tiempo sin asomarme al balcón y escribir sensaciones que muchas veces me sienta bien exteriorizar para sacar las cosas que me provocan rabia en mi interior. Esta semana han fallecido dos personas que, de una u otra manera, me han provocado mucha tristeza. Carlos era un chico de los que, como sociedad, solemos poner la etiqueta de discapacidad, pero cada vez que coincidía con él, yo sólo veía capacidad, capacidad para ser feliz a pesar de la dificultad, capacidad de sonreír y hacerte sonreír, capacidad de dar cariño sin hablar, capacidad de traspasarte su inmensa sonrisa e incluso ojos azules que llegaban a tu alma.

Las Fiestas de Carlos

Demasiado joven y de manera inesperada se ha ido, dejando un hueco vacío en la multitud de actos musicales y culturales a los que asistía. Siempre recordaré cómo movía su mano al verme para llamar la atención de sus padres con esa felicidad a la que antes me refería. Me decía su padre que estaba deseando que llegaran las Fiestas y, desde luego, que para mí va a ser un recuerdo recurrente durante los próximos días.


Serán unas Fiestas especiales para todos y todas, pero para mí, serán las Fiestas de Carlos. Recuerdo los dos últimos momentos que he compartido con él. Durante el Festival de los Sentidos estuve a su lado disfrutando de Viva Suecia en una zona elevada desde la que teníamos una visión excelente del concierto. Disfrutamos como niños, a pesar de no poder bailar o gritar. Lo disfrutamos. Unos días antes de irse, también coincidimos en el concierto de Los Rodeos, durante la Feria de Artesanía de La Roda. Te echaremos de menos cuando suene la música, pero sé que desde allá arriba, dirigirás esos aplausos tan típicos tuyos cuando acababa una canción. No dejes nunca de aplaudir.

El último concierto con Carlos.

El último concierto con Carlos.

Nuestro mundo junto a Herminio

Al día siguiente, nos dejó un amigo. Herminio, el padre de Álvaro y Damián, el marido de María Andrea. Siempre he dicho que Álvaro era una mezcla de hijo y hermano para mí. Muchos momentos juntos, éxitos y fracasos, sonrisas y lágrimas. En definitiva, mucha vida juntos. Y allí siempre estaba Herminio, con sus bromas, con esa ironía suya, tan característica. Se desvivió por su familia y sus hijos, disfrutando de cada uno de sus viajes, disfrutando de nuestro mundo. El de la piscina, el del cloro, el de la natación.

Herminio es una de esas personas que han trabajado por el deporte de manera silenciosa, que nunca tendrán el homenaje que merecen. En estas líneas quiero reivindicar que sin Herminio La Roda no habría tenido piscina cubierta, recogiendo firmas, haciendo escritos, disfrazándose en carnaval bajo una piscina hecha a mano en nuestro mercadillo. Siempre trabajó para que al resto de jóvenes del pueblo no les pasara lo mismo que a sus hijos, que tenían que desplazarse cada día hasta Albacete para poder entrenar.

Herminio, un luchador por la piscina cubierta.

Herminio, un luchador por la piscina cubierta.

Coincidí con él muchos domingos en los que también la gente mayor íbamos a nadar para posteriormente compartir almuerzo que se convertía en casi la comida, donde reíamos y compartíamos confidencias. Herminio siempre me demostró que era una persona buena y yo, entre esa familia que tengo del mundo de la natación, siempre le dije que le quería tanto a él como a su familia. Que al final, es la mía.

Solo muere lo que se olvida

Demasiado joven, con un cáncer al que le ganó muchas batallas, pero que en el último partido no pudo más que dejarse marcar el gol definitivo. Luchó como nadie y se enfrentó a cada golpe con la lucha de un hombre sabio que no dejó que le hiciera daño a pesar de las muescas que le iba dejando.

Demasiado rápido, lo cual nos reafirma en la necesidad de seguir luchando, para que de una vez por todas, la ciencia consiga aumentar nuestra esperanza de vida, cuando un diagnóstico así te llega. Nunca olvidaré que él siempre decía cuando le ofrecías algo bueno decía que era lo segundo que más le gustaba, dejándonos siempre con la duda de qué era lo primero. Herminio, ten en cuenta que los que aquí estamos seguiremos cuidando de tu familia porque, en definitiva, tú nos dejaste ser parte de ella. Puedes estar orgulloso del legado que has dejado en mí y en la gente que te hemos rodeado. Gracias y cuida desde arriba de nosotros.

Me despido hoy con esa frase que comparto con Inma, «sólo muere lo que se olvida» y vosotros seguiréis viviendo mucho tiempo porque no os olvidaremos.

En el Festival de los Sentidos.

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